Estimados amigos de la comunidad Steemit. El tema petrolero, del que nos hemos ocupado muchos venezolanos en los últimos años de manera inusual, obliga a la lectura desde diversas aristas para entender la crisis moral, económica y política que padece el país. Recientemente, publiqué en la edición impresa de la Revista Sic del Centro Gumilla este ensayo con un título similar. Es un tema que no se agota. Espero sus apreciaciones.
Muy difícil, eso de sembrar el petróleo
La ruina o el coloniaje han sido el punto de llegada fatal de los países que ligaron su destino a una sola industria extractiva, manipulada por capitales extraños (extranjeros). Diversificar y venezolanizar nuestra economía resultaba así una necesidad imperiosa...
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Las leyes de Impuesto sobre la Renta (1942) y de Hidrocarburos (1943), promulgadas por el general Isaías Medina Angarita en plena ebullición de la Segunda Guerra Mundial, allanaron el camino para que Venezuela tuviera una significativa participación en el negocio petrolero. ¿Qué hacer con esos enormes ingresos?, se preguntaron los hombres del gobierno de aquella época. ¿Cómo “sembramos” el petróleo?, se dijeron Medina Angarita y sus ministros. Se respondieron: Aprovechando esos petrodólares para estimular a otros sectores de la economía nacional, como el agropecuario (sobre todo éste) y el industrial; además, tenían ellos el convencimiento de que el petróleo estaba condenado a desaparecer en poco tiempo, ya que eran limitadas las reservas, y que la ciencia pronto inventaría un sustituto energético. Había que apurarse, pensaron ellos (y por mucho tiempo, también lo pensaron quienes le siguieron en el poder).
El general Isaías Medina Angarita en la inauguración de una de sus obras. Fuente
Un detalle importante para nuestro particular contexto: desde 1917, cuando empezó la exportación petrolera masiva en Venezuela, hasta 1974, el precio del barril del petróleo no superó los 3 dólares en lo que los economistas denominan términos nominales. En aquel año 74, gracias al conflicto árabe israelí (Yom Kippur), a la crisis económica estadounidense y a la estrategia de disminuir la producción del crudo para forzar el alza por parte de los países exportadores, el precio del barril se disparó a 12 dólares. (2)
La bonanza rebasó la sindéresis en Venezuela; era mucho dinero para un país que ya para entonces se había enquistado en la renta como plataforma económica. De allí parte una crisis moral apoyada en una mentalidad caracterizada por el clientelismo y el populismo como métodos de la política. Cuando bajaron los precios del crudo, como en los años 80 y 90 del siglo pasado, aunado a la implantación del modelo neoliberal de desarrollo, vino otra crisis para Venezuela que comprometió su institucionalidad y dejó ver cuán frágiles son la democracia y el sistema de partidos. Hoy, en circunstancias similares seguimos en crisis, esta vez con más intensidad... ahora somos más, nos acostumbramos a las bondadosas raciones y la torta no alcanza para tantos.
La complicación actual es que el modelo petrolero ya no es sustentable ni económica, ni social, ni ambientalmente. La OPEP controla poco más del 40 % de la producción mundial, pero ya no tiene la misma capacidad de presión de otros años porque debe enfrentar a los diversos intereses de sus miembros, a las tecnologías como el fracking, a las energías no contaminantes, pero también, al hallazgo de nuevas reservas de petróleo en países ajenos a su membrecía.
Lo que antes era una lucha de grupos ecologistas a los que apaleaba la policía en manifestaciones callejeras, ahora es una meta para los países industrializados y tiene eco en las Naciones Unidas, que posee mecanismos de presión para países que no sigan sus lineamientos. No es, como auguran muchos, que el capitalismo va a desaparecer; es que se está adaptando con la tecnología a la nueva realidad. ¿Y eso qué significa para Venezuela, país dependiente de la venta de energía fósil?: una crisis, porque no tendrá cómo colocar su petróleo en un mercado cada vez más competitivo y limitado. No obstante a ello, por un buen tiempo seguirá nuestra dependencia de la renta petrolera, no podemos desprendernos de ella de un tajo, pero hay que pensar y actuar desde ya con la misma vehemencia de aquellos hombres de gobierno de los años 40.
Otra de las caras de la crisis es la amenaza a la seguridad humana, que tiene entre sus dimensiones a la seguridad personal, la seguridad política y la seguridad alimentaria. En este contexto -ya lo estamos viviendo-, la dependencia petrolera amenaza la seguridad alimentaria. Un país que no sea capaz de producir lo que come, una necesidad básica, tiene amenazada su subsistencia. La dependencia de la renta nos ha hecho creer que siempre podremos vivir del petróleo y en tiempos como los actuales, se hace más evidente nuestra vulnerabilidad.
¿Cómo salimos de este aprieto? No tenemos una respuesta, sólo algunas reflexiones sobre la base de experiencias de otros países que han logrado sortear sus crisis, lo que se ha dado en llamar la resiliencia, esa capacidad de adaptarse a situaciones complejas. Desde una perspectiva ética, es necesaria la construcción de una red basada en la confianza, la conjunción de intereses disímiles y el mutuo reconocimiento de actores diversos pero con objetivos comunes; un tejido social entre los gobiernos, el sector privado, las organizaciones no gubernamentales y la gente común en la que se internalicen las responsabilidades que tenemos tanto individual como socialmente. Algunos autores llaman a eso capital social. Separados, perdemos, como dice el académico vasco Alfonso Dubois. (Dubois, 2014)
Pero, no es fácil construir capital social. Hay muchos intereses, el populismo y la pugna por la captura de la renta que perpetúa la dependencia petrolera son dos de los mayores escollos para quienes se propongan propiciar esa red en Venezuela. Aun así, es una vía para empezar a construir una sociedad sostenible económica, ambiental y socialmente, pero también equitativa y democrática. Suena utópico, sí, y no por ello es un auto engaño. La utopía es necesaria y la historia nos demuestra que muchos de los grandes avances de la humanidad son resultados de utopías.
La crisis es multidimensional, somos parte de un sistema; lo que ocurre en otras partes nos afecta en mayor o menor grado. Es difícil vaticinar lo que nos depara el futuro. Eso nos obliga a ser pragmáticos, a ir sobre la marcha pensando de manera compleja, a aprender a mirar las cosas en forma de sistema con diversidad de actores que están interconectados aun sin ser conscientes de ello. Se trata de reflexionar en qué tanto de lo que se hace a uno afecta a otros actores y en cuánto de lo que hacemos hoy incidirá en las generaciones que nos sobrevivan.
Gracias por leerme y no dejen de comentar sus inquietudes.
Fuentes
(1) Discurso del Presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, Rómulo Betancourt, en la clausura de la III Convención Anual de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción. 1947. Pensamiento político venezolano del siglo XX. Documentos para su estudio. Gobierno y época de la Junta Revolucionaria. 1989. Tomo X, Volumen XXXVI. Pp. 358 y 359
(2) José Antonio Mayobre.(1993). Obras escogidas. Colección de Estudios Económicos del Banco Central de Venezuela. Caracas.
Alfonso Dubois Migoya. (2014) Marco teórico y metodológico del desarrollo humano local. Universidad del País Vasco.