Los vasos, los platos y las repisas bien pulcras y ordenados milimétricamente separados el uno del otro, y los platos en un solo lugar. La mesa y los muebles de la sala siempre limpios y despiojados, frescos y con excelente aroma, el piso reluciente y las ventanas sin limaduras ni corpúsculos para una gratificante entrada de luz.
Me fascina tener todo de ese modo. Hace que se marque de forma placentera una sonrisa en mi rostro. Al contrario con mis vecinos, a quienes detesto con brío, su estilo de vida escandaloso y desordenado corroe mi cuerpo quemándolo desde adentro, me siento degradado por el solo hecho de vivir al lado de ellos.
Siempre he creído que no pertenecen a esta tranquila y pacifica comunidad, en la que me he mudado ya hace algún tiempo con mi difunta esposa. Sus fuertes discusiones son cada vez más frecuentes y siempre ocurren cada vez que me siento en mi sala a leer. ¡Que calamidad me ha tocado! He rezado con intenso fervor a criaturas poderosas y retorcidas del averno infernal para que me den la oportunidad ¡y pronto la voy a tener!
He observado cada vez que el pequeño Freddy, su desdichado hijo, se esconde en su habitación para jugar con sus figuras de acción, ensimismándose en su mundo imaginario de aventuras para escapar de su mísera realidad.
No sentía empatía ni en lo más mínimo por el pequeño diablillo, ya que varias veces su imprudente pelota de fútbol ha aplastado y maltratado las orquídeas de mi jardín. También he orado para que reciba un inhumano final como a sus padres. Pero ya está cerca… Después de haberlo planeado por tanto tiempo la manera de limpiar la escoria.
Invité a cenar a mis indeseables vecinos bajo mi identidad cordial y aparentemente inocua. Aceptaron extrañados puesto que tenían ya presente mi notorio desprecio hacia ellos, no obstante, es algo que suprimí de sus mentes gracias a mi fantástica actuación.
Preparé todo en la cocina y en la sala y para el toque final… el pequeño frasco con veneno que tenía guardado por mucho tiempo, y que pensé que no usaría por tercera vez. La primera lo usé con mi difunta esposa, la cual iba a dejarme por un hombre con el que tenía una aventura.
La segunda vez lo usé con Coco, el gato de mis vecinos. No soportaba al desgraciado, más por deshacerme de él lo hice para lastimar al pequeño Freddy el cual tenía mis delicados nervios alterados en aquella ocasión.
Esta noche será perfecta, esta noche los abismos inferiores probaran nuevas y frescas esencias, esta noche una desdichada y hambrienta alma que pide paz a gritos será saciada. Esta noche los Morales pagarán, y tres sacos se llenarán con sus cuerpos.