Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha tejido historias que dan cuenta de hechos reales, pero a la vez extraordinarios, para los que, aparentemente, no existe ninguna explicación. Se trata de relatos que, generalmente, son difundidos por las distintas religiones. Narran situaciones inverosímiles, que casi siempre están relacionadas con milagros de curación.
Todas las religiones, incluyendo las más reflexivas como el Budismo, tienen en su haber relatos de esta índole. A las historias sobre curas milagrosas se suman otras de teletransportación, apariciones, desapariciones, mensajes proféticos, anuncios apocalípticos y un largo etcétera.
Para los creyentes, todos esos “milagros” adquieren el valor de evidencias o pruebas de la existencia de una divinidad. Pese a que la religión es una cuestión de fe, y que fe es precisamente creer en aquello para lo cual no hay evidencia, lo cierto es que frecuentemente se difunden este tipo de relatos que narran prodigios y que los adeptos a las religiones esgrimen como un fundamento más para sus creencias.
Filósofos y científicos son escépticos frente a este tipo de manifestaciones. Su principal crítica apunta a que los creyentes, sistemáticamente, se niegan a practicar verdaderos métodos de verificación para esos fenómenos. Quienes los certifican, casi siempre, son los mismos religiosos o creyentes y lo hacen a través de métodos que no son científicos en estricto sentido.
Fuente: Google, https://lamenteesmaravillosa.com/existen-los-milagros/