La rutina diaria comenzaba, Lis se preparó para otro día de matanza de zombies, disfrutaba matándolos, aunque le apenaba la situación a la que había llegado la Tierra, eran días tristes y apenas quedaban doscientos humanos con vida, además todos ellos se encontraban en el espacio orbitando un planeta desolado e infectado.
Un día más descendieron a la superficie de la Tierra, el trabajo parecía avanzar, ya que la zona descontaminada era cada día más grande, pero a una velocidad demasiado baja, a ese ritmo tardarían años en dar por concluida su misión, era bastante frustrante para todos.
Ese día fue algo especial, consiguieron descontaminar una nueva zona después de horas de luchas contra las hordas zombies, en ese territorio encontraron un bunker, al cual decidieron acceder en busca de comida y provisiones, ya que cada día que pasaba eran más escasas.
La sorpresa fue mayúscula al ver que el bunker estaba habitado por humanos que se encerraron en él a los pocos días de comenzar la epidemia, era un enorme bunker que albergaba en su interior a unos 60 humanos, éstos decidieron unirse a la lucha de la raza humana contra los “monstruos” del exterior.
Se comenzó a usar el bunker como base estable en la Tierra, ahora los humanos ya no solo estaban en el espacio, sino que disponían de un lugar seguro para la vida y desde el que poder combatir de forma más efectiva.
La reconquista de la Tierra ganada una pequeña batalla por la supervivencia, se decidió limpiar toda la zona alrededor del bunker con la idea de que fuera un lugar inexpugnable de toda amenaza externa. Además contaban con más efectivos para el combate lo que permitía acelerar el proceso de limpieza.
A Lis, desde ese día, se le asignó la organización de todo lo relacionado con la nueva base de operaciones en la Tierra, esto daba un poco de aliento a la humanidad que llevaba días con un fuerte sentimiento de desesperanza ante tan dramática situación.
Para leer más:
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX
Capítulo X
Capítulo XI