Cuando yo era un niño, al lado de mi casa vivía una familia que se dedicaba, entre otras cosas, a la caza. Cazaban de todo. Parecían seguir al pie de la letra aquello de "todo lo que echa sangre es cacería". En esa casa llegué a ver venados, lapas, culebras, un oso hormiguero pequeño, un puerco-espín gigantesco, y uno que otro morrocoy cazados en el cerro. También había una temporada en que cazaban iguanas. Esto fue lo que más pude ver. Y lo vi de cerca. Todo lo que hacían. Y yo era apenas un niño.
Debería yo ser considerado una autoridad en la materia. Debería yo, tal vez, escribir un "Manual del caza-iguanas" para relatar lo bonito y lo feo, lo moral y lo inmoral sobre aquellas prácticas.
Tal vez lo escriba.
O tal vez no.
Créditos del texto e imágenes: Amaponian Visitor ()