En esos días de mucho calor solían irse a bañar desnudos al río. Así se habían conocido años atrás. Ella buenamoza se iba a la poza más lejana hasta donde los mirones no llegaban, pero Benito Parra también iba a pescar corronchos a esos mismos lugares. Desde que la viera por primera vez dejo la pesca, solo se sentaba en la piedra más alta y que parecía una tortuga. En el pueblo le decían la piedra tortuga Galatea, ya que desde esa piedra se había lanzado la musiua Galatea DeSousa (esposa de Abilio DeSousa dueño de la única panadería de Morón del Conuco), la pobre cuando llegaron hacia veinte años atrás y se tropezó en el almacén de la panadería con el negro Edmidio (A quien su marido había contratado para cargar los sacos de harina), quedó tan prendada y alborotada de aquel negro alto y fuerte que más nunca tuvo intimidad con su marido y terminó con su vida lanzándose desde la piedra más alta del río cayendo por un despeñadero (nunca se confirmó si llegó a tener un amorío con Edmidio). Por debajo de esa piedra se criaban pequeñas tortugas de río, y Benito Parra que era muy disponedor decidió salir del anonimato echarse un chapuzón y acercársele a Amalia Rosa con una pequeña tortuga de regalo como excusa para conocerla. Meses después se mudaron juntos al rancho de Benito Parra y llevaron consigo como mascota a la pequeña tortuga Galatea.
Del libro "Anécdotas de Amalia Rosa"
Amanda Reverón 2011