Su amigo imaginario aún la acompañaba (aunque fuera en sueños). A través de los años y según las circunstancias, tomaba nuevas formas. Se transformaba en una virgen, en una niña, en un río, y últimamente era un enorme elefante que habitaba en una poza de agua dulce, en donde la esperaba para confortarla y trasmitirle la sabiduría de su naturaleza animal.
Amanda Reverón
Del libro de relatos/Bitácora del sueño
2013