Después de trece horas al ordenador con un terral abrasador de treinta y seis grados en las mismas tripas de la urbe. Su extrarradio, parece asolado bajo el implacable, todos somos sombras. Llegar y recuperar la quietud, piedrecillas bajo los pies descalzos, el agua fría reptando por las piernas y el silencio. En la desembocadura z apenas hay nadie, parejas con perros y la fauna del lugar y sobre todos nosotros, las omi presentes gaviotas.