¿Recuerdas las veces que te decía para ir a la playa, Isabel? Siempre ponías un pretexto; el tiempo de viaje ida y vuelta, la comida, la arena, tus excesos de belleza. Excusas que no eran la razón principal por la que no te gustaba ir. Hasta que en mi infinita curiosidad, me hablaste sobre tu niñez y aquella terrible experiencia con el gran pez de cuerpo largo y delgado, cabeza ancha y cuadrada, de dos dientes largos que sobresalían de su boca y una cola en forma de abanico, me mostraste una foto del pez, capturada en el momento en que lo mataron para ser comida de humanos, la tenías guardada en una caja escondida en el sótano de la casa.
Yo he visto peces de distintas especies, algunos muy coloridos, extravagantes, pero ninguno como el que te atacó a tus 5 años de edad. Este pez si que era raro, no había en su aspecto motivo de inspiración para algo bueno.
Los peces para mí son sinónimo de alegría; un río, un lago, un estanque, un mar sin peces son aguas tristes, insípidas, como una mente sin recuerdos divagando en el horizonte...
-Isabel, ¿Me estás escuchando?...
Foto tomada en Playa Caracolito en Río Caribe, Edo. Sucre - Venezuela