Sólo los débiles se mueren de amor.
Los más fuertecitos lloramos solos todas las noches en la esquina más fría de la cama, esa donde la oscurana nos abraza y consuela cada madrugada, aferrados a la esperanza de que lo que nunca ha sido algún día sea (aún sabiendo que no será).
Nos ahogamos en tasas de café amargo y nos perdemos entre las páginas de algún libro, tal vez miramos las estrellas pensando: "ellas también están solas y aún así brillan" para darnos algo de ánimo en nuestra triste espera por algo que bien sabemos no existe: el amor...
Pero no nos morimos.