Estábamos sentados uno al lado del otro en un patio extenso y oscurecía,
ambos llevábamos útiles de estudio, pasaban chicos de nuestras edades frecuentemente,
el sitio parecía una especie de instituto. Tú decías algo sobre la hora y yo asentía,
dijiste que estabas agotado de que todo fuera tan superficial y que las cosas reales duraran tan poco.
En tu cara pude distinguir un gesto de dolor. Recosté mi cabeza en tu hombro y acariciaste mi cabello:
"Ya te vas". Dijiste. Y desperté.