Existió una época donde las personas eran mucho más humildes, una época que a pesar de su paz, llego a ser bastante caótica, la ciencia no estaba en en su flor y ciertamente tampoco en su apogeo, decir que la ignorancia era el sinónimo de estándar social no debería sorprender a nadie, no obstante si entristecer. La cantidad de relatos que circundaban por las diversas comarcas eran jocosas, dime tú, si quemaron a mi hermana bajo la lógica pagana de que ella era una bruja.
En algún momento los asesinatos empezaron a hacer acto presencia en todo lo alto y ancho de nuestra humilde tierra, yo como un simple herrero no podía más que callar y observar, mi opinión era nula, era obtusa, se rumoraba el asecho de un hombre lobo rondando los gélidos y tempestuosos bosques de la zona. No podía hacer más que no prestarle atención, se me había encargado diseñar unos modelos a escala de bailarinas para cierta doncella importante en el pueblo.
Vistiendo mis mejores fachas, cargando mis herramientas en una antiquísima maleta de cuero decidí partir a la mansión Lordeaur en lo más alto de la colina, al llegar los vigilantes me trataron como un pordiosero, casi me tiran a la pila de lodo dónde se revolcaban los cerdos, no obstante llego un escudero nombrando mi presencia, el mugroso escudero había llegado tarde a propósito, ese gordito calvo de enormes orejas estaba por así decirlo cortejando a unas damas que no hacían más que mofarse de él, debido a eso nació su retraso.
Una vez dentro en la mansión magnificas vistas irradiaron ante mis ojos, aquello tenía la más fina decoración victoriana y ciertamente yo no pintaba bien en todo esto, la señorita bajó y entonces luego de grandes y eternos escalones, me devolvió la mirada con suma humildad, no me veía como lo hacían los demás de la alta sociedad, ella era una dama, pero también era una persona, su calidez penetró cada fibra de mi delicado corazón. ¿Yo me había enamorado? Me pregunté, la misma una vez ante mí me ofreció una taza del más fino té de la casa, no podía yo, un simple herrero aceptar tal propuesta, pero sería un deshonor aún más grande rechazarlo, así que acepté cautelosa y penosamente. Como si se rebajase a mi nivel la amable doncella me dio un tour por toda la mansión, precisamente ella me había contratado y santo cielo, en ningún momento habló de trabajo, parecía como si quisiera comenzar una amistad conmigo.
Ella se sentó un momento a ver unos conejos que jugaban en las praderas dentro de la inmensa jungla a la que ellos llamaban jardín, era una vista hermosa, jamás había visto un ser tan inocente perteneciente a la alta sociedad, aquella calentaba mi sangre. Por segundos me hablaba y las ideas se me iban, no la escuchaba, de modo que tortuosamente cada momento tenía que responder “¿Disculpe?” Cualquier otro noble me mandaría a comer con los cerdos, pero ella se limitaba a reír y devolverme una mirada cada vez más brillante. Entonces recordé viejas legendas sobre la familia Lordeaur, se decía que eran una familia maldita, no se sabía bien su procedencia pero muchos afirmaban que llegaron de Francia y alguno también murmuraban que se trataba de una familia de vampiros, al ver el pálido test de la piel de la señorita me hacía dudar sobre si era verdad o no, pero en mi ateísmo pecaminoso no podía aceptar tales acusaciones, un simple herrero, eso sí, pero también era un estudioso y sabía que no podía dejarme llevar por patéticas patrañas de antaño.
Rato después una vez terminada las obras, los miembros del comité de limpieza de la mansión aplaudían mi trabajo, esplendido, ¡Que rápido! Decían algunos, yo solo podía atribuir mi rapidez y mi perfeccionismo a las manos que tanto tiempo había pulido bajo el arte de la herrería y la escultura en hojas de metal, una vez a punto de irme, completamente luego de haber acabado mi labor me despedí del comité de limpieza, estaba a punto de partir pero la señorita me detuvo, ¿qué hace una dama corriendo hacía un humilde como yo? Pregunté, “Ven conmigo” respondió la doncella jalándome por el brazo a la fuerza de modo que subimos a su camarote privado. ¿a qué se debe esto mi lady? Pregunté. La doncella empezó a llorar y me contó una fantástica historia sobre como odiaba vivir en aquel lugar, sus labores como lady eran exhaustos, lo que debía comer, como debía comportarse y como la obligaban a tratar a otras personas, entonces pude comprender que su comportamiento amable se debía al hecho de que ambos estábamos completamente solos, allí ella podía ser quien era, una dulce alma noble y pura. La iban a cansar con su tío treinta y dos años mayor a ella, y bueno, lo demás es historia, no encontraba como irse y entre cantaros de lágrimas no pude evitar carcajearme, la mirada de la señorita se tornó de enigma al verme reír con tanto desdén, ¿qué ocurre? ¿qué le parece tan gracioso? Preguntó, Le devolví la mirada y le dije, ¿sabe que hora es mi lady? Entonces la dama se asustó al ver por la ventana y observar la luna llena inmensa reflejándose sobre el estudio. “ No, no, usted es...” Trató de decir, ¿yo soy quien? Le dije, me refiero a qué es de noche, con lo grande que es está mansión será fácil engañar a los guardias, podríamos escapar por las catacumbas. Sus ojos de miedo con lágrimas aún pegadas se tornaron entonces en una luz de esperanza, bajamos no sin antes disfrazar a la doncella como una mucama cualquiera. Las catacumbas estaban siempre abiertas y conectaba con el patio exterior, así que serían una buena ruta de escape, ¿Y tiene algún lugar a dónde ir luego de escapar de esta mansión? Pregunté, Mi madre mi señor, iré con mi madre quien está en Francia, no sé como ni cuando pero volveré con ella. No iba a decir que para llegar a ese país necesitaría viajar por mucho, pero ciertamente mucho tiempo en barco, pero no quería dejar morir su hermosa luz de esperanza.
Fue difícil pasar desapercibidos ante los guardias que si bien lejos, técnicamente podrían vernos a la distancia, pero la noche ayudó. La enorme luna representaba un faro que iluminaba todo un camino hacía el pueblo bajo, cruzaríamos el bosque céntrico para llegar más rápido y pasar desapercibidos, pero la doncella se detuvo, ¿el bosque? Pero allí hay hombres lobos y trasgos sedientos de sangre. Mi lady, ¿no creerá realmente en aquellas anécdotas del pasado? Confié en que ninguna de esas criaturas bíblicas existen, solo son simples bestias crípticas. La tomé del brazo bruscamente así como ella lo había echo anteriormente conmigo y avanzamos. Sabe usted demasiado para ser un herrero, y disculpe si ofendo su profesión, manifestó. Mi profesión me ha hecho bueno con las manos pero mi pasatiempo es la lectura, no hay libro de ciencias políticas, generales o médicas que yo no haya leído. Mis simples palabras dieron un aire de confianza más grande en la doncella quien ya parecía haber perdido el miedo al bosque. Paremos, paremos por favor… Afirmó la misma quien se veía exhausta, bajo la luz de los reflejos de aquella inmensa luna parecía brillar, su piel era tan blanca que hipnotizaba. Llegaba a excitarme inclusive, me acerqué con total confianza hacía la señorita y dejándome llevar los más carnales impulsos sexuales y psicológicos empecé a acariciar su cuello. La cara de la señorita era de dudas pero no parecía molestarse con ello, al menos así fue, hasta que empecé a apretar duro, su cuello era suave y sumamente delgado, ¿como podía yo evitar estrangularla si prácticamente me lo estaba pendiendo a gritos? La doncella se aferraba con todas sus fuerzas a mis brazos pero no tenía la fuerza suficiente como para aplacarse a la mía, mi cara era de completo éxtasis dejando entrever una erección completamente marcada, era inevitable puesto sus ojos se tornaban blancos con venas rojas bien marcadas y su boca empezaba a expulsar salvia y sangre hasta que la misma perdió la conciencia. No la maté, ciertamente no lo hice, pero acosté su cuerpo entre los matorrales y me dispuse hacer lo que mejor sabía hacer, “usar mis manos” abrí el confiable bolso de cuero que tanto me caracterizaba y saque mis implementos de escultura y diseño, procedí entonces a desollarla mientras aún vivía, y una vez retirada completamente la piel empecé a separar sus senos de su cuerpo, en algún punto comenzó a convulsionar, ¿sería el dolor o sería la perdida de sangre? De modo que, como último acto clave un escalpelo en su pecho y afortunadamente abrió los ojos, no podré jamás saber que vio pero apuesto a que la cara de su salvador sonriente con una enorme y roja luna atrás. Había olvidado decirle que le mentí un poco, los vampiros, brujas y hombres lobos todos existen, pero no son como los idiotas de este pueblo sin nombre los imaginaban, porqué sí, el hombre lobo del pueblo se había cargado a otra victima en su haber. Y el único testigo era el mismísimo Plutón y los humildes pero siempre presentes psicopompos.