Si te acercas a un ateo corres un grave peligro.
Corres peligro de que te contagie su libertad.
Corres peligro de comenzar a sentir el universo como parte de tu propio cuerpo.
Corres peligro de comenzar a cuestionar los conocimientos impuestos por la sociedad y la iglesia.
Corres peligro de descubrir tu verdadero potencial humano.
Corres peligro de aprender a amar la humanidad genuinamente, de hacer el bien por sentirte bien y no por quedarle bien a Dioses.
Corres peligro de aventurarte en una búsqueda de la que es casi imposible volver: la búsqueda de la razón.
Corres peligro de descubrir que no necesitas arrodillarte ante dioses para vivir bien.
Corres peligro de asumir tus errores, de abandonar el comodín de rezar para para reprimirlos, corres el riesgo de ser más responsable con tus actos.
Corres peligro de dejar de conformarte con explicaciones míticas y comenzar a buscar la verdad.
Corres peligro de poder seguir tus sueños sin limitaciones.
Corres peligro ed entender la maravillosa mecánica evolutiva que convirtió nuestro cuerpo en un artilugio natural de última tecnología.
Corres peligro de ser libre.