En mis cortitos 23 años, he conocido a personas maravillosas; personas increíbles que me han hecho ver la vida desde otras perspectivas. Régulo es una de esas personas grandiosas que hoy forma parte de mi vida. Con un 'hola vale' o un 'hola vevé' nos saludábamos siempre por Whatsapp en nuestras conversaciones vespertinas, donde nuestros temas - casi siempre- eran de la vida misma. En ese momento, ambos nos sentíamos identificados con la situación del otro.
Él me invitaba a eventos, a toques, pero al final yo no iba. Nos vimos un día en un concierto en la Plaza Los Palos Grandes, y me hizo una foto súper linda. Tiempo después, nos vimos en un café, hablamos, y me propuse para volver a hacer unas cuantas más en una librería. La cosa es que, como la fotografía nos une, llegó el momento de querer hacerle fotos a él, y ¡boom! sucedió. Pues son el resultado de ese día, son las fotos que muestro en este post.
Ese día, al igual que casi todos, fue genial. Al principio se tornó un poco incómodo porque yo no soy tan rápido como lo es él en la calle con cámara en mano. Suelo tomarme un poco más de tiempo a hacer fotos. Vio las primeras y no quedó muy convencido, entonces le propuse caminar y hacer otras en la plaza. Fue entonces cuando la magia apreció, nos comenzamos a divertir, la risa se asomó y quedamos contentos con el resultado. Ojo, y así como dijo él, retratar a otro fotógrafo ¡no es nada fácil, eh!
Régulo, el de las fotos de calle, el que conoce toda Caracas, el de las fotos de jevitas, el mejor compañero de café que me regaló la vida; mi compañero de trabajo de risas y de buenos y no tan buenos momentos. Lo más lindo de todo, es que compartimos una pasión: la fotografía. Ambos estamos en el mismo entorno: el de la imagen. Y, como siempre le digo, que la fotografía nos siga uniendo. Ah, por cierto, mi foto favorita de ese día, es la de él riéndose a carcajadas.
¡Nos leemos luego!