Cuando supe que una vida crecía dentro de mí, sentí tantísima alegría, lloraba de alegría, la espera había terminado por fin y empezaba la gran aventura, y aunque no todo fue color de rosas, no cambio este camino, por nada.
Tengo dos hijos, con el primero me estrené, todo era nuevo y feliz. La primera vez que vi su rostro, no podía creer que algo tan hermoso y perfecto surgiera de mi interior como mágicamente.
UNICEF: La lactancia materna podría salvar la vida de más de medio millón de niños al añoLo amé antes de nacer, como si después ya no pudiera amarlo más, pero me equivoqué, es un amor creciente, constante, infinito, un amor que comparto idénticamente en su singularidad por cada uno de mis hijos.
Me empeñé en amamantarlo y lo logré contra todo pronóstico, contra el saboteo de mi entorno. Y aunque complementé la lactancia, me esforcé por extenderla lo más que pude.
Digo, contra todo pronóstico, pues el parto fue inducido, terminando en una cesárea después de 12 horas de trabajo de parto infructuoso.
Casi contra mi voluntad, en el reten de la clínica, le administraron formula a mi bebé, por tanto, se me dificultó establecer la lactancia materna, pero lo hice, me empeñé en hacerlo considerando todos los beneficios de ser amamantado, reflejándose en salud, mejor tolerancia a las vacunas, mayor estímulo afectivo, entre otros.
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Pero, hacer resistencia a un entorno contrario a la lactancia materna, influenciado por la administración generalizada de sucedáneos de la leche materna, no fue fácil, me valió disgustos e incomodidades, implicó delimitar cordialmente y a veces no tan cordialmente, hasta donde los otros podían opinar, disponer o influenciar mi rol de madre y el estilo de crianza de mi preferencia.
Poco a poco, los opositores fueron desistiendo ante mi determinación, y el día a día se hizo más amable, más sano psicológicamente hablando.
Hoy en día, quizá es mucho más fácil resistir el bombardeo antilactancia materna, con herramientas que yo, hace diez años no tenía a la mano. Así, por ejemplo, en las redes sociales, actualmente encontramos muchas cuentas que promueven esta práctica, al estilo de ,
, entre otras, con información simple, concreta y sustentada científicamente, que adicionalmente es amena, motivadora, humana y realista.
Cuando me embaracé por segunda vez, manejaba mucha más información, por tanto, tenía más seguridad y fortaleza como madre, así que decidí que no se repetiría la historia.
Desde que entre en la clínica, expresé abierta y contundentemente, mi deseo de que mi bebé en ningún momento recibiera suplemento alimentario alguno, y, exigí que posteriormente al nacimiento -por cesárea programada-, nos alojaran en la misma habitación, derecho que se encuentra regulado en la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNNA).
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Recuerdo que las enfermeras me miraban extrañadas, acostumbradas a que las madres pidieran justo lo contrario para descansar después de la cirugía.
Y así, cerca de mi bebé, en esos momentos cruciales después del nacimiento, la magia de la cercanía y el instinto surgió, desencadenando toda esa programación natural de nuestra especie, esa conexión irrepetible, única de dos seres unidos físicamente por nueve meses, cuya prolongación natural es la lactancia materna, entendida como forma de crianza que va más allá de la alimentación.
Para mi fortuna, en el camino encontré un pediatra único, que me apoyo, alentó y orientó en todo lo necesario, un médico comprometido con la causa, gracias al cual, con todo el sacrificio que implicó y del que no me arrepiento ni un ápice, que llamaría más bien, inversión en salud y en amor para mis hijos, amamanté exclusivamente a mi segundo hijo por casi tres años, experiencia de la que me siento orgullosa y a la que motivo a todas las madres y más aún en estos tiempos de crisis, donde la economía nos agobia, donde nuestro sistema de salud está colapsado y los medicamentos o escasean o tienen un altísimo costo.
Igualmente, tomando en cuenta que la lactancia materna es también una inversión en salud psicológica para los niños y niñas y también para las madres, en la que también el padre puede involucrarse apoyando y colaborando en los quehaceres del hogar, equilibrando si se quiere la balanza de una madre que está ejerciendo a cabalidad uno de los roles más importantes.
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IAO