El hombre del maíz.
Era una tarde lluviosa de octubre en Oaxaca México había allegado Alberto de visita a casa de sus abuelos por unos días, lo que le encantaba más era ir al rio y buscar arcilla para hacer sus manualidades, aparte de hacer muchas otras actividades, el le encantaba siempre bajar a la parte de atrás de la casa donde estaban todos los árboles frutales, porque amaba arrancar las granadas y comerlas así recién cortadas del árbol, pero nunca iba solo siempre acompañado de sus abuelos, porque muchas veces no podía bajar la fruta y siempre estaban sus abuelos para apoyarlo, enfrente del patio trasero de sus abuelos donde se encontraban los árboles frutales y el estadio de los caballos estaba la casa de la madre de su abuelo ya fallecida, la había cercado porque no querían que se usara la casa pero los animales salvajes que vivían ahí en los terrenos habían creado un hoyo en la maya.
Como Alberto siempre fue un niño muy curioso había decidido hacer el hoyo más grande para pode pasar pues crecía un árbol muy hermoso de flores que tenían colores igual de hermosos que el mismo cielo, él estaba seguro de lo que hacía, quería pasar y empezaba a anochecer pero su curiosidad era más grande y estaba decidido a indagar hasta encontrar ese árbol. Cuando logro pasar y apenas dando la vuelta de esa casa noto a un hombre muy grande de estatura casi media un poco más de 2mts, tenía un sombrero negro y poco puntiagudo pero ancho, portaba una gabardina negra y grande no se dejaba ver la cara solo unas manos grandes y viejas con uñas largas y torcidas. Alberto no era ingenuo y sabia que era imposible que una persona fuera así de alto, empezó a sentir su piel fría y le temblaban sus pies, pues ese hombre se le quedaba viendo con unos ojos negros brillos, y muy profundos, estaba paralizado del miedo no podía gritar, sentencia mucho miedo.
Alberto no sabía que hacer solo agarro fuerzas y corrió, corrió hasta llegar al hoyo de la maya y de la desesperación se rajo ,la espalda, pero no había sentido dolor pues su adrenalina y el miedo era tan grande que no sintió nada en el instante, llegó con sus abuelos temblando y llorando explicándoles lo que había visto, describiendo aquella persona horrorosa y siniestra. Sus abuelos se habían quedado sin palabras no sabía que decirle, solo lo abrazaban y tranquilizaban, pues ellos tampoco sabían que había visto o tal vez sabía pero no quería espantarlo más de lque ya estaba.