Imagen tomada en Distrito Capital- Sabana Grande, con una cámara semi profesional Canon power shot por: 
Los neurólogos sostienen que el hombre cuando alcanza la edad de 70 años, se vuelve más lento en sus movimientos. Esa mañana el día amaneció despacio. Una fina llovizna acentuaba la textura de los adoquines de la entrada del edifico y tras varias llamadas telefónicas bajó con la seguridad de vivir tanto.
A sus 77 años camina con paso ligero, delgado, los desarrollados músculos de sus antebrazos develan su trabajo, con una incipiente curva en la espalda, viste con suéter beige, pantalón de mezclilla azul y una gorra de pequeños cuadros, al mejor estilo de los años 20, cubre sus sienes blancas.
Sus brazos, se abren en señal de encuentro y tras un formal apretón de manos caminamos hacia el edifico. Uno no se imaginaría nunca, que a una cuadra de la avenida Casanova podría hallarse un apartamento al estilo caraqueño de los años 70 y en donde resalta una entrada flanqueada por mármoles.
Imagen tomada en Estado Mérida- El Valle, con una cámara semi profesional Canon power shot por: 
Seguimos caminando hasta encontrarnos con el ascensor antiguo que nos eleva hasta el piso 9, donde está el apartamento de su suegra. Pedro introduce con cierto temblor la llave, se abre la puerta y, en ese instante, los números digitales de mi celular se detienen: pareciera que Pedro y yo nos adentramos, en una especie de túnel, hacia los años de una Venezuela saudita.
Bajo la mirada de más de cien ojos de sus máscaras africanas, iniciamos el diálogo sobre su vida. Una oscura madera, curtida por la mezcla de polvo y aceite de teca, sirve de fondo para resaltar la clara figura de Pedro. Sus ojos, a diferencia de las artesanías africanas, cambian de dimensión y hasta podría decirse que de color cuando avanzamos en la conversación.
Imagen tomada en Distrito Capital- Sabana Grande, con una cámara semi profesional Canon power shot por: 
Pedro Reyes Millán, el “cabezacaliente”, cuyo padre Felipe Reyes, le tatuó a fuego la lucha subversiva como principal guía de vida: preservar la suya, la de su familia, la de su nación como una misma cosa. La tierra quemada y reseca por el sol y el mar margariteño fueron los elementos que iniciaron la curtiembre del mayor de los varones Reyes Millán.
“Cuando arreciaba el verano en la isla, me mandaban a buscar agua en las casimbas… al principio del verano estaban preñadas de dulcita agua; pero, cuando nos adentrábamos en la sequía, tenía que recoger el agua con una totumita hasta llenar el balde para preparar la comida”, –relata Reyes Millán mientras sus manos imitan un cuenco.
Imagen tomada en Distrito Capital- Sabana Grande, con una cámara semi profesional Canon power shot por: 
Sus dedos se deslizan por la verdosa topografía de la tapara mientras el cielo se desviste del gris y entra con fuerza la luz a la habitación. Ahora, las figuras colgadas en la pared alcanzan otra dimensión. Pedro adquiere un resplandor dorado, el enjillado de su piel se confunde con la textura de la totuma, su memoria se pasea por los arabescos de su historia, por los arabescos de la totuma. El recuerdo se acerca y se hace voz.
Espero que les guste... Este es el inició de un reportaje que emprendí, compartir con ustedes este esfuerzo, fruto de una profunda investigación y trabajo es un orgullo para mi. Que lo disfruten...
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