He estado aquí y allá.
He ido donde me place.
He caminado mis sueños.
He recorrido mis pensamientos.
He auscultado mi corazón
buscando estos y aquellos caminos
que me llevan a los lugares donde no
he estado jamás pero que están allí.
Me atrae el olor a tierra húmeda.
Me envuelve la hierba del campo.
Me abraza el follaje del bosque.
Me absorben las hojas caídas.
Me baña el agua del riachuelo
que lava las huellas del pasado
para darle paso a los días nuevos
incluso aquellos que aún no ocurren.
Huele a leña en llamas.
Arden ramas y hojas secas.
El fuego disminuye la brisa fría.
Las brasas calientan mis manos.
La fogata incita a estar cerca
sin intentos de alejamientos imprevistos
pues, el hogar siempre estará chispeante,
encendido y tan intenso como debe.
El paisaje me hace parte de él.
Me acompaña el café caliente.
Infaltables Hess, Mandino,
García Márquez, Neruda, Blanco.
Menos infaltables Sabina,
Donés, Cerati, Gatti, Díaz.
Amo lo «vintage» de sus
palabras, frases, versos y tonadas.
Inhalo y exhalo cuantiosos
aromas que vienen con el ábrego.
Una copa de vino mientras mis
labios liban su intensidad.
Llega la tarde y pronto la noche.
Se reaviva el fuego otra vez.
No hay nada como lo externo.
No hay nada como la intemperie.
A quienes no viven muros de falsedad...
....pero sí viven.