con la misma piedra
que mis rodillas han olvidado
a qué sabe el dolor
que atraviesa mis pupilas
pero la verdad es que
estoy ciego en lo más profundo
justo en momentos de excelsa compañía
y en la soledad las lágrimas
han hecho de mí un puñado de escombros
que intentan liberar lo mejor de mi conciencia
pero de algún modo
acabo preso de la insensatez
adonde no he deseado volver
y más tarde me doy cuenta
que debo regresar por mi corazón
llegue tan pronto como sea posible
que cuando su oscuridad asecha
termino temiendo por mi vida
este amor que habita en mí
aunque nadie tenga espacio
para recibirlo y hacerlo suyo