como los colores de las calcetas
que visten mis pies y que no conjugan
la coherencia que entretejen sus hilos,
pues, amo lo diferente.
Soy ecléctico
porque no me aferro a religión ninguna
sino a la perspectiva de mis ideales
que justifican caminos que conducen
a la verdad del universo.
Soy ecléctico
cuando me doy cuenta que la vida
ya no es un aprendizaje constante
sino una enseñanza diversa
con aristas inverosímiles.
Soy ecléctico
como el mismísimo huerto que sirve
a un mismo propósito in natura;
y ni el tomate ni el arándano dejan
de imprimir sus colores a la tierra.
Soy ecléctico
cuando mis converse clásicos
no combinan con mi esmoquin;
lo mismo que las alpargatas
no encajan en un baile de flamenco.
Soy ecléctico
cuando creo en mi propia realidad
entorno a un cúmulo de experiencias
que llegan sin previo aviso
y con ello nace algo nuevo.