
Cuando un amor muere provoca en cada persona una sensación de pérdida muy importante. Sin embargo cada persona es consciente de los tiempos perfectos de Dios y de cómo ese amor, muerto de manera momentánea se eclipsa dejando un legado en siluetas de un amor diferente y de uno que seguramente renacerá ocupando un nuevo espacio, manteniendo intacto su significado.


El amor es eterno, por lo tanto cada persona debe ser consciente de la temporalidad de su propia vida. El amor pasa por todos y, en algún momento, la muerte también llegará a él para arrebatarlo de nuestro ser. Es por ello que cada persona ha de sentir que lo importante no es la muerte sino el amor que hayamos cosechado en vida y en cada cosa que hagamos.
De esta forma, el amor no solo habla de temporalidad sino también de la importancia de dejar un legado en vida, algo que perdure en las memorias antes partir del cosmos. De la misma manera como el pez es feliz en el agua, de la misma forma como la luna mantiene su perfecta simetría, nosotros debemos ocuparnos de que nuestra vida tenga sentido, hacer lo mejor para sí mismos y también para los demás.
Un nuevo amor ha llegado y debes estar allí para recibirlo con brazos abiertos. ¡Despierta! un nuevo amanecer te espera, te ofrece un regalo de amor, ese principal alimento que admite este grandioso fenómeno de la naturaleza, que es sencillo y a la vez avasallante. El universo contempla las maravillas naturales. ¡Despierta y contempla... la temporalidad del amor!

Este es un poema en prosa se inspira en la actividad de crecimiento personal "La alegría de vivir" conducido por nuestra compañera
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