El sosegado crecimiento de lo que nace.
La creciente luz que lo ilumina.
Después, pasados los días del vino
y los de las flores,
apaciguada la luz y el resplandor, todo declina
con lentitud, camino de la oscuridad.
Contemplar el ocaso solar,
oler
el fondo de la copa
en la que permanece el aroma del vino amante
que bebimos y hemos vuelto a beber.
Ojalá te siga escuchando en el viento.