Me voy a esconder en ti y no me van a encontrar ni
los delfines.
No me va a ver ese pez de ojos saltones,
ni esa tortuga que marcha a Yucatán.
No va a notar mi nado ese coral,
ni las personas que van en esa barca,
allá arriba.
Y a veces, yo tampoco.
Mar, eres refugio allá dentro y también aquí fuera.
Yo siempre quise vivir pudiendo mirarte las olas cada
día,
y acompasar mis latidos con los tuyos.
Dejarme arrastrar un poquito por tu corriente
y acabar en tu orilla junto a la espuma y la arena fina.
Yo siempre te quise, limpio y claro,
transparente.
Siempre te quiero bonito y cuidado.
Siempre te quiero reflejando el cielo.
Hay una forma de echar de menos
que solo aquellos que han tenido el mar cerca
-y ya no-
entienden.
Es algo que te reseca las manos y la boca.
Que te convierte la piel en escamas muertas,
sedientas de humedad.
Porque puedo soportar tener muchas carencias,
pero ojalá nunca me falte el mar,
ojalá nunca falte el mar.