Para ser totalmente sincera, los animales nunca fueron algo que me quitara el sueño... Lo mas cercano que tuve a una mascota, fue una tortuguita y un pollito rosado; es por esto que nunca me imagine cuidando de un perro o un gato y mucho menos de un caballo. Aunque con esto no quiero decir, que no me gustaban los animales, solo que nunca tuve una verdadera mascota y no lo veía como algo que llegase a ser parte de mi vida.
Solo que ahora me doy cuenta, que un animal es un sentimiento y pasa a ser parte de tu vida; yo creo que siempre tuve ese sentimiento, pero; quizás lo tenia reprimido o dormido, por decirlo de alguna manera.
Ya tengo varios años en los que me he dedicado a cuidar toda clase de animalitos, desde un pajarito, pasando por corderitos recién nacidos que quedan huérfanos, hasta potricos y caballos.
Pero, a lo que realmente me he dedicado es a los caballos, con mucho esfuerzo... ya que, en los últimos dos años, no se le ha podido dar los cuidados que anteriormente se le daban, porque a ellos también los toco la crisis que vivimos en el país. Sin embargo, en la medida de lo posible y casi que con las uñas; sigo atendiendo y cuidando de mis animales, porque el cariño y la atención es gratis y con eso la crisis y la situación creo que no podrá acabar.
En un post anterior, les conté quien fue la encargada de despertar mi amor por los equinos, fue un regalo que me hizo la vida y que agradezco siempre. Capricornia mi primogénita y mi compañera.
Adicional a Capricornia, también esta Cenicienta, es una yegua rucia, que llego muy delgada y con muchas marcas de maltrato, con cantidades de cicatrices, que poco a poco fueron sanando, para luego convertirse en una princesa, por eso se llama Cenicienta. Esta yegua también fue parte importante de todo esto, porque me dedique a ella, a cuidarla, curarle las heridas, alimentarla y asi se convirtió en una hermosa y robusta yegua; con un pelaje brillante y hermoso... si hubiesen visto como llego!!!
Aquí esta con el primer hijo que tuvo bajo mi cuidado, una potra alazana careta con las 4 patas blancas, a la que llame Helena.
Este es el Emir, el único caballo Árabe que tenemos, prácticamente fue un regalo, su dueño se fue del país y nos lo dejo para que cuidaramos de el.
Y para cerrar la muestra de hoy les presento a El Increíble, caballo zaino cuarto de milla. Este es uno de los Padrotes, es decir, es el padre de una buena parte de los potros que han nacido en la caballeriza.
Gracias por detenerse a conocer a mis animales, se los seguiré mostrando poco a poco y les iré contando como llegaron a mi y la historia de cada uno de ellos.