Hola Steamians.-
Me encanta escribir cuentos e historias producto de la fantasía. Aprovechando que hoy es Haloween aquí les dejo esta historia.
Desde otro universo
Esa mañana contacté a Ramsés Alberto al regresar de la logia. Estuvimos conversando brevemente al mejor estilo del chat Instagram. Me dijo, vamos a por un café, y yo sabía en medio de esa complicidad tácita que tienen los amigos, que alguna historia importante estaba por revelarse.
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El pueblo en las mañanas en días de semana es delicioso, las personas que caminan por sus estrechas calles son gente local, no hay el bullicio de los visitantes que ensordece los fines de semana. Quedamos en vernos en la mitad de la plaza. El pueblo colonial, esta edificado en torno a la iglesia y una plaza con árboles, bancos y caminos de cemento cuyo epicentro es la estatua de un prócer que extrañamente está de pie, blandiendo su espada hacia abajo, como esperando algo y no encima de su acostumbrado caballo.
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El clima siempre frío, a pesar de ser mas de las nueve de la mañana, ese viento constante proveniente de la montaña, el olor a café, y los árboles soltando hojas hacían de la espera un espectáculo único. Ramsés trabaja en el mundo del arte, ha estado construyendo su propio mundo de imágenes, colores y figuras que lo ha llevado a viajar por el mundo entero. Ha dedicado su vida a sembrar artistas, mientras sus obras cruzan los océanos y se convierten en embajadores de su arte. Pasaban los minutos y recordé que tenía algo que hacer a eso de las once de la mañana, y conociendo la capacidad que tenemos de sentarnos a conversar deambulando por diversos temas durante horas, comencé a impacientarme. Yo tenía que hacer una serie de composiciones musicales y tampoco quería perderme las historias hilarantes que este artista siempre me trae, sobretodo porque han sido siempre combustible de mi musa. Me puse de pronto a mirar con detenimiento y el aspecto de la plaza estaba como difuso, quizás la altura a la que se encuentra el pueblo, aunado a esa neblina de madrugada que poco a poco se desdibuja hacían ver gris desde mi perspectiva algunos objetos. La verdad también tengo la temida presbicia de los cuarentones, algo que evitamos asumir hasta que un buen día nuestros ojos son asaltados por unas buenas gafas. Esa condición visual dificulta con el paso del tiempo el enfoque de objetos a diversas distancias, así que dentro de todo era normal ver la conocida escena de la plaza desde la esquina inferior izquierda un poco borrosa en la lejanía. Había en mi espera un sonido muy especial, algo que iba debajo de los pájaros, perros y personas que comenzaban su labor diaria. Era más bien un ruido blanco con alguna entonación exquisita de fondo.
Siempre discuto con Ramsés que tenemos canales totalmente diferentes, él es visual y yo soy auditivo.
En ese instante veo un mensaje que dice:
Ramsés: ¿dónde estás?
Yo: Aquí en la plaza, ¿no me ves?
Ramsés: La verdad no.
Yo: jeje deja de joder que no tengo tiempo
Ramsés: No estoy jodiendo, estoy aquí en la plaza
Yo: ¿En qué plaza? Aquí no hay nadie, escucho gente en los locales cercanos, pero en serio. ¿Dónde estás?
Ramsés: Brother, estoy aquí al lado de la estatua. Como estas vestido tu? Yo llevo sweater azul claro. Estoy al lado del banco donde está la familia con el viejito en silla de ruedas
Yo: ¿Amigo que dices?, en esta plaza no hay nadie la estatua está sola (la verdad me parece extraño), pero ¿familia, viejito? Aquí no hay nadie. Yo estoy solo en uno de los bancos.
Ramsés toma la decisión de llamarme directamente.
Yo: aló
Ramses: Epale Brother, casi no te escucho.
Yo: Claro, que vas a escuchar si esta ese ruido de fondo, parece una fiesta en la que dejaron una extraña canción sin sentido sonando y la verdad ya me está ensordeciendo.
Ramses: Ay si!! Siempre tan delicado con los ruidos. Verdad que tu si eres “auditivo”.
Yo: Chamo deja de joder y termina de bajar a la plaza para poder conversar que luego tengo trabajo.
Ramses: Desde que te dedicas a la música tu no trabajas, recuérdalo, los artistas jugamos usando nuestro talento y nos pagan por eso.
Yo: Tu vives pendiente del dinero, claro típico de un artista comercial.
Ramses: Si, debe ser que a ti no te gusta ganarlo, pero si gastarlo.
Yo: Jajaja, coño, pero ¿dónde estás? Estos sarcasmos se dicen con un café por delante.
Ramses: Estoy aquí chamo, no se donde andas tú, pero en serio apúrate!
Despegue el teléfono un momento de mi oreja para ver la hora, el sonido aumentó. Era constante, era un ruido blanco con carácter de película de los años 70. Sentí un poco de mareo, traté de enfocar la pantalla del teléfono, pero no podía distinguir la hora. Miré a mi alrededor y estaba solo, no sé qué hora era, no sé cómo llegué. Pero puse en duda la capacidad histriónica de Ramsés cuando le dije con voz fuerte retomando la llamada. Ramsés dime algo, ¿alcanzas desde donde estas a ver la calle bajando después de la plaza?
Ramsés: Si claro
Yo: ¿Mi auto está allí?
Ramsés: No
Yo: Hermano, me siento muy extraño, creo que me cambié de universo!
Ramsés: ¿Cómo? Jajaja ¿Qué dices?
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Yo: Trato de mirar hacia la montaña donde está tu taller y esta difuso, la temperatura bajó bastante, no parece por la luz que fuesen las 9 am, y lo más extraño es que no hay nadie en la plaza. Escucho un ruido de fondo cada vez más ensordecedor. Mientras hablamos he tratado de moverme, pero no puedo, siento que las piernas me pesan toneladas. Y tu voz es extraña, se siente lejana.
Ramsés: Antonio, es justo lo que hablamos una vez, lo que te conté de mi sueño.
Yo: Estoy confundido hermano, ¿cómo sé que esto no es un sueño?
Ramsés: Por los bordes al final de la imagen, si están difusos es porque andas en el otro universo. En el universo onírico, donde están mis obras y suena tu música en su forma pura.
Yo: Sabia que esto pasaría, tanto estudiar las leyes del universo y un buen día de tanto ensayar fórmulas me terminé cambiando de universo.
Ramsés: A mí siempre me pasa, ¿de donde crees que he sacado esas esculturas?
Yo: Lo sé, y todos los artistas lo sabemos. El tema es que yo siempre escuchaba la música y la transcribía hacia el universo ese donde estas tu ahora. Pero estar aquí es muy extraño y no me gusta. Porque no sé cómo regresarme.
Ramsés: Aprovecha y pregunta cosas, busca secretos, averigua el futuro, haz algo trascendental!
Yo: ¡No puedo hacer un coño! No me puedo mover, al menos no desde la misma intención acostumbrada en tu universo ordinario. No hay tiempo aquí, no hay noción de espacio. No sé cómo llegué ni cómo salir.
Ramsés: Deja el drama, tu siempre con tu drama. Es sencillo, tienes que cerrar los ojos, meditar e intentar soñar. Al hacerlo entrarás de nuevo en el puente de conexión y con suerte caerás en este punto otra vez. ¿Recuerdas que hiciste para llegar aquí hoy?
Yo: Si, Maneje por la autopista que estaba sola, parecía un primero de enero.
Ramsés: ¡Antes! Cuando fue la última vez que viste gente.
Yo: En la logia, hicimos el rezo de la mañana, me despedí y escuché al vigilante de lejos. No volteé a verlo, fui hacia mi carro, y ya estaba el sonido de fondo. Pero, ¿aló? ¿aló? Ramsés
La llamada se cortó de pronto. Me recosté en medio de aquel ruido, del frio y de la incertidumbre. Recordé lo que me dijo Ramsés. Cerré mis ojos intentando meditar, y me dispuse a soñar.
Esta historia continuará ....
Saludos y gracias a todos mis amigos que siempre me apoyan. y todo el inmenso equipo que soporta y le da vida a este proyecto. a
y a todos los que comentan.