Todos los días no son iguales, te dejo esta historia de mi día de hoy, para que me acompañes con tu empatía.
Ya no quiero sacar cuentas de cuánto hace que te conozco, ni ahondar en lo acaecido en mi vida por tu causa. Solo sé que has dado buenos momentos a mi existencia, muchos los rememoro como extraordinarios, otros no tanto.
Al comienzo me prohibían que te viera tan seguido, ni siquiera me dejaban aproximarme a ti, mis padres eran muy estrictos. Luego decidieron ponerme horarios, pero esa serie de prohibiciones lo único que lograron fue que imaginara un día donde fuese yo la que llevara el control y decidiera qué hacer contigo.
Y ese día llegó, desde entonces me has acompañado en las buenas y en las malas, he sido testigo de tu evolución, versatilidad, esplendor y alegría. De verdad que te extraño. No quiero parecer dramática, todos saben que no me gustan las telenovelas, igual que las películas de terror, pero esto me supera ¡uff! Un cliché, esto trasciende las fronteras de mi entendimiento. Así como que está mejor.
Fuente
Pienso mucho en ti y la solución que tendremos que buscar, hay mucha gente consternada al respecto. Que lea, pinte, haga algo con la máquina de coser o escriba mis cuitas en Steemit, me aconsejan, pero se olvidan ellos que puedo hacer lo que sea a tu lado y no me molesta solo a veces te hago bajar el volumen, tus susurros no me aturden.
Almuerzo contigo escuchándote hablar de platos exquisitos, duermo la siesta con tus comentarios y risas entrecortadas, con frecuencia intentas aturdirme hablándome en lenguas extrañas, pero eso es pasajero porque recuerda que soy yo la que tiene el control.
Me acostumbré a tenerte y aquí que cierto es lo que dice la canción aquella: “no cabe duda que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor”, porque yo admito que es algo que tiene que ver con eso y no con el amor.
Me ocurre igual que cuando dejé de usar anteojos, me llevaba la mano a la nariz tratando de subirlos y ahí me daba cuenta de que no estaban, ahora trato de verte, oírte, sentirte y ahí me percato de que no estás y duele, porque han sido muchos años contigo como compañero.
Ayer cuando entré al cuarto te noté en silencio y jugando te canté, ¿qué te pasa que no se te ve, estás enfermoooo, o es que quieres amargar mi viiida?, pero no me preocupé, fue cuando traté de saber de ti que recibí esa desagradable sorpresa, fue como un chispazo que me hizo voltear la cara y dejar de verte, entendí en el acto lo que estaba ocurriendo.
"No te desesperes", me alientan, "ese ya estaba viejo, abre tu horizonte para que lleguen otros mejores", pero yo veo tan endebles a los nuevos, con esos pechos planos como que se van a ir hacia adelante en lo que pase una brisa, me gusta tu solidez, pesas, eres firme, tienes presencia donde quiera que te ponga.
Mi hijo dice que se te dañó algo que llaman el “vertical” y ya están trabajando en eso, yo tengo la esperanza de que en pocos días estés nuevamente aquí, con tu cara de vidrio, tu cuerpo cuadrado y ese vozarrón que impacta, mi querido televisor.
Fuente