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En la historia de la humanidad, han existidos momentos y situaciones que llevaron a la sociedad a vislumbrar cambios de proporciones épicas. De maneras pacifica en ocasiones y mayoritariamente violentas en las demás. Por lo cual, no es de sorprenderse que el día que las monarquías europeas temblaron de miedo, fuese tras el resultado de una batalla. Sin embargo, muchos se preguntarán, ¿Qué hizo especial a esta batalla, para afirmar que llevo a las cortes a temer?, pues mediante este artículo, encontraras la respuesta, sin más dilación comencemos.
PRELUDIO ANTES DE LA BATALLA
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Corría el año 1805, y Europa se veía envuelta en uno de los conflictos de mayor escala que jamás hubiera presenciado. La guerra de la Tercera Coalición, había ya causado suficientes estragos, todo debido a la sorpresiva auto coronación de Napoleón Bonaparte como emperador de Francia. Este movimiento audaz del corso, instigo a las principales potencias monárquicas a fraguar una alianza anti-francesa, con el objetivo de detener el expansionismo radical de las ideas revolucionarias galas y las inagotables ansias expansionistas de Napoleón. Por lo cual, los aliados crearon varios frentes para vencer a los franceses, por un lado, la flota británica tendría la tarea de impedir el cruce francés por el Canal de La Mancha, a sabiendas del plan de Bonaparte de invadir las islas británicas por Boulogne. Por el otro, las fuerzas militares del Imperio austriaco y el Imperio ruso se juntarían por el este para invadir directamente el corazón francés por el oeste. Este plan, sin embargo, no tuvo los resultados demoledores que requerían los aliados. Primero que nada, la armada austriaca bajo el mando del General Karl Mack invadió Baviera, con la idea de ocupar la ciudad de Múnich, para luego trasladarse hacia el oeste en Ulm, donde esperaría un ataque francés hacia la desprotegida selva negra alemana. Con la esperanza de que las fuerzas francesas, jamás se atreverían a atacarlos por el norte, debido a romper la neutralidad con Prusia.
En el frente marítimo, las cosas marchaban desproporcionadamente favorable a los aliados, con la flota franco-española en claro retroceso y a merced de un demoledor golpe del almirante británico Horatio Nelson. Golpe que llego el 21 de octubre de 1805, causando una debacle desastrosa en la estrategia del emperador de invadir Gran Bretaña. Dejando la situación militar en Europa prácticamente decidía en favor de los aliados, solo un milagro haría que los franceses fueran capaces de darle la vuelta a lo que parecía el fin de los conceptos provenientes de la Revolución y su naciente imperio.
LA MARCHA HACIA ULM
Ante este panorama desalentador, con el mar bloqueado, más del 85% del ejército francés acantonado en Boulogne al norte, y la amenaza de que los austriacos fueran reforzados por los rusos para asestarles un golpe definitivo, la sangre fría de Napoleón se puso a trabajar. Primero que nada, Bonaparte hizo gala de una de sus mejores armas; la velocidad. Programando su llegada a Alemania en aproximadamente 20 días, dando la orden de avanzar 40km diarios a las fuerzas militares estacionadas en Boulogne. Sería un total de 200.000 hombres, los que ejecutaron una espectacular pirueta que los traslado en diferentes objetivos de importancia. Los mariscales Lannes y Murat atravesarían la Selva Negra para mantener a Mack en combate, mientras que otros cinco cuerpos de la Grand Armée establecieron un perímetro por Franconia y el norte bávaro. De esta manera, Napoleón con tan poco tiempo y hombres, había rodeado a Mack quien, ante la situación tan desesperada, capitulo el 25 de octubre con todo su ejército. Dejando a los austriacos con más de 60 000 bajas y los franceses con una inmensa victoria, destacando de su lado, las escasas pérdidas humanas. Demostrando por primera vez, que un avance rápido y de carácter implacable, era la solución perfecta para evitar engorrosos enfrentamientos campales.
EL PLAN DE CONTINGENCIA ALIADO
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Ante el duro golpe recibido por Bonaparte, las restantes fuerzas austriacas decidieron replegarse hacia Bohemia (actual Republica Checa), con el objetivo de unirse a las fuerzas rusas en una armada coaligada que tendría el objetivo de acorralar a los franceses y vencerlos de una vez por todas. Sería entonces, el 11 de noviembre, cuando un total de 11 mil soldados austriacos abandonaron la capital de Viena, rumbo a la poderosa concentración militar establecida en Bohemia que ya alcanzaba los 80 mil hombres. Dejando que los franceses ocuparan la capital, y se encontraran virtualmente estancados en la campaña, gracias a que el emperador había perdido ya una parte de sus hombres en campaña y se encontraba con la precaria situación de tener que enfrentar al grueso ruso-austriaco de 80 mil hombres, más una fuerza de reserva austriaca en Italia. Contando además de la lejana ruta de suministros que separaba a Francia de Austria, la superioridad numérica de los efectivos aliados y su conocimiento del terreno de combate. Planteando una estrategia ganadora en todos sus aspectos, dejando a Napoleón con una batalla casi imposible de ganar.
LA BATALLA FINAL
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Con todo en contra y una derrota casi asegurada, Napoleón Bonaparte volvería a hacer de las suyas, sin siquiera imaginarse la magnitud que acarrearía esta locura que intentaría. Superado numéricamente de 80 mil contra 50 mil, Bonaparte decide crear una artimaña que dejara de lado cualquier manual militar de la época, incluso desafiando las enseñanzas del mayor estratega de todos los tiempos, el maestro Sun Tzu. El corso, que se encontraba ya establecido en la ciudad de Bmo desde el 23 de noviembre, fija su vista en el campo de batalla que supone las llanuras circundantes de la pequeña población de Austerlitz y un lugar en particular, los altos de Prátzen. Donde confecciona su maquiavélico plan de combate, que consiste en varias etapas.
1- Finge en su reunión con el conde Dolgoruki, ansiedad y falta de confianza. Proponiendo incluso la idea de un armisticio o que no habrá ni siquiera una batalla.
2- El 30 de noviembre ordena al mariscal Soult, abandonar las alturas de Prátzen, dejando a merced de los aliados la posición más ventajosa en el campo de batalla.
3- El 1 de diciembre, las fuerzas de reserva francesa comandadas por los mariscales Davout y Bernadotte llegan a Austerlitz tras su marcha forzada desde Viena, bajo el amparo de la oscuridad y confianza de los aliados.
En este punto, 2 de diciembre de 1805, el campo de batalla está listo. Las fuerzas comandadas por los emperadores de Rusia (Alejandro I) y Austria (Francisco II), deciden que es hora de atacar a un debilitado Napoleón y ganar la guerra. Sin embargo, la trampa de Bonaparte ya está lista.
1- Napoleón ordena debilitar el flanco izquierdo, por donde los aliados incitados por eso, comienzan un brutal ataque en pos de diezmar la moral francesa. Chocando con una férrea resistencia, que logra ceder y le da espíritu de vitoria a los aliados.
2- Bonaparte ordena varios ataques a diferentes posiciones aliadas, con el objetivo de disminuir la presión al flanco izquierdo, por lo que varios poblados se verán en vueltos en tomas y reconquistas por parte de los beligerantes.
3- Los aliados deciden desguarnecer su centro en las alturas de Prátzen para destrozar de una vez el flanco izquierdo, destinando 60 mil hombres.
4- Las fuerzas del Mariscal Soult que han estado amparadas bajo la niebla de las laderas, comienzan su avance hacia las colinas desprotegidas de los aliados.
5- Las fuerzas de Davout y Bernadotte, que se encontraban esperando, arremeten contra el flanco izquierdo, provocando una terrible sorpresa a los aliados.
6- Napoleón ordena a sus principales fuerzas, los mariscales Lannes y Murat avanzar hacia al frente de las colinas de Prátzen, junto a Soult que embosca las alturas desde la retaguardia.
7- Las fuerzas aliadas de los emperadores son lanzadas fuera de las colinas, encontrándose en un desacierto total. Los rusos intentan infructuosamente recuperar las colinas, siendo rechazados bajo fuego intenso de mosquetes franceses.
8- El oficial ruso Kutuzov, el único que había desconfiado de las intenciones de rendición de Bonaparte, le comunica al zar de retirase, o ser despedazados.
9- Davout ordena combatir sin cuartel a los aliados, provocando inmensas bajas ruso-austriacas, que crecen cuando la única vía de escape, un rio congelado, es bombardeado desde la cima de Prátzen.
CONCLUSÍON
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Tras unos minutos y la llegada de una espesa nevada, la batalla había llegado a su fin. En aquel momento, era incierto calcular las proporciones de los resultados de la misma, sin embargo, tan pronto pasaron los días, el golpe se hizo demoledor, para lo que muchos consideraron el fin de una era y el comienzo de un nuevo mundo.
1- En primer lugar, Austria había quedado aplastada, su capital en manos de Francia y su ejército completamente destruido.
2- Rusia había sido brutalmente humillada, el zar se había puesto en fuga y buscando regresar a Moscú, afirmando la siguiente frase “somos bebes en manos de un gigante”, refiriéndose a Bonaparte.
3- Francia solo había perdido 9 mil hombres en todo el conflicto, mientras las fuerzas aliadas más de 27 mil. Poniendo fin a la guerra y marcando el cénit del poderío militar francés en todo el continente europeo.
4- Inglaterra se había quedado completamente sola, dejando a Francia como la potencia hegemónica de Europa, además de influencia mundial.
5- Austria tuvo que ceder grandes territorios en Alemania e Italia, pagar una indemnización de 40 millones de francos y reconocer oficialmente, que el sagrado Sacro Imperio Romano-Germánico de más de 1 mil años, había quedado disuelto en favor de las conquistas de Napoleón Bonaparte.
En la historia europea, jamás se había contemplado una victoria tan aplastante en aquel entonces. Con una estrategia tan colosal y fuera de libros, que rompió cánones y mitos militares. Tal fue la repercusión, que Europa posee varios monumentos en conmemoración al triunfo. Además de cientos de novelas, escritos y poemas en su honor. Siendo de los más fervientes, la idolatría que supuso para Víctor Hugo recordar la fecha. Una batalla que sin dudas cambio el curso de la historia, y catapulto al polémico y glorioso emperador francés a la cumbre de lo que se estimaba el señor y amo del nuevo mundo.
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