Dama de las diez mil horas,
cuya presencia se matiza en el tiempo;
¿qué dolor le acuñe a usted,
que por más de mil eternidades dio vida?
¿Será que se marchita o es sólo un otoño pasajero?
Dama cuya danza imita al colibrí, debería sentir mejor
en lugar de más;
debería caer, en lugar de amar.
Dama de las tertulias y flores de mayo,
¿es posible que yo, un simple mortal que no tiene nada más que dar,
que cariño incondicional, sea digno de su querer?
Le rezo entre dientes a aquel dios que se ha enamorado de usted,
que la deje volver a mí,
aunque nunca me haya pertenecido.
Que la deje ser libre,
aun con el corazón roto,
como nunca antes
lo había sido...
-Dann Axkaná
Este poema se me ocurrió mientras hablaba con , así que, parte del crédito es de ella. Síguela por si no has revisado su trabajo. Es una excelente escritora.