Se dice que la música es el arte de combinar los sonidos y el silencio, refiriendo esta maravillosa manifestación de la sublimidad del hombre a un concepto técnico y cerrado. Sin embargo, la música va mucho más allá de un procedimiento académico en el que se emplean herramientas para ejecutar ritmos y melodías. En su lugar, supone el empleo de una gran carga de emociones, sensaciones, experiencias, deseos, pasiones y fantasías, elementos propios de la psique que no se alojan en el corazón como se ha creído siempre, sino que son propios del sistema límbico (área de Broca) ubicado en el cerebro humano, el cual está comprendido por las estructuras del aprendizaje, la memoria y las respuestas emocionales.
Las melodías y la sinapsis
Lo que escuchamos, ya sea el más mínimo sonido, tiene consecuencia directa con el órgano más importante de nuestro cuerpo: el cerebro. Esto es debido a que los sonidos producen estímulos que se manifiestan a través de choques eléctricos en las conexiones neuronales, que inclusive, dan como resultado respuestas fisiológicas como la excitación o el sueño.
El arte musical es el todo con el uno
A pesar de conocer una gran cantidad de conceptos científicos respecto al efecto de la música en el cerebro, quizás no hemos terminado de comprender siquiera el diez por ciento de la gran incidencia e influencia de un sonido para el oído. Así como el sol o la luna, el sonido es un elemento que bajo cualquier circunstancia, actúa como la “banda sonora” de nuestra vida, colaborando directamente en el estado de ánimo que cada individuo (el uno) tenga en una determinado momento.
En relación con los estímulos, la música es una fiel productora de dopamina. Es decir, que cuando el cerebro reconoce un ritmo o melodía que se le hace agradable a razón de los gustos innatos o adquiridos, contexto social, influencias artísticas y de identidad, ocurre un proceso químico interno que actúa en el sistema nervioso central, aliviando síntomas como el estrés, la preocupación, el dolor físico, apaciguando la depresión y ofreciendo a la mente un estado de relajación, diversión y felicidad, tal como lo hacen el sexo o la comida.
Sin embargo, música como la que escuchamos en las películas de terror, compuestas para generar sensación de miedo, ira, y pánico, pueden producir increíbles manifestaciones físicas tal como sudoración, fiebre, dolores de cabeza y náuseas. Esto se da exclusivamente por el rechazo que tiene nuestro cerebro ante armonías discordantes bien pensadas por los creadores musicales, las cuales afectan a la “amígdala cerebral”, la parte del área de Broca que almacena las emociones irracionales, teniendo la función de ser un sistema de defensa que pone al cuerpo en situación de alerta.
En ese sentido, son incontables las múltiples reacciones que la música produce en el cerebro, entre la que se reconoce en mayor medida su habilidad de afectar los circuitos cerebrales conectados con el almacenamiento de información, lo que quiere decir que una melodía que hemos escuchado previamente, puede colocarnos en una situación vívida y clara sobre algún recuerdo del pasado.
No existe duda que el arte de la música tiene una importancia sumamente relevante en la existencia del ser humano; de ahí que los científicos hayan aprovechado sus capacidades para aplicarlas a la musicoterapia para mujeres en etapa de gestación, neonatos, persones autistas, infantes, ancianos, o simplemente, como un elemento intelectual que alimenta la cultura y el alma de quienes tienen el privilegio de escucharla.
Hello Steemians, si alguna vez han sentido grandes emociones gracias a su canción favorita y les gustó saber el proceso químico de esa sensación, agradecería mucho su voto. Además, si dejan un comentario podríamos compartir ideas sobre el tema.
¡Gracias por leerme!