Quiero que mi mente deje de hacerlo; que al despertar, no piense en él y que al momento de dormir, no sea mi último pensamiento del día.
Quiero que salga de mi mente; perder la facultad de soñar con él mientras duermo, inclusive de soñarlo despierta.
Hace unos días, surgió una interrogante, cuya respuesta deseo conocer: ¿por qué?
Quisiera saber el porqué su esencia habita tan dentro de mi alma, de mi piel, de mi mente... de mí.
Durante mucho tiempo he querido pretender que tengo un corazón de hielo, capaz de soportar altas temperaturas en el polo norte sin problema, pudiendo sobrevivir sin ningún tipo de abrigo. Trataba de convencerme de eso, la realidad era otra muy diferente. Mi corazón es inflamable, un experto en alcanzar el punto de ignición.
Y era él, la única persona capaz de apagar esa llama.
Y era él egoísta, un cobarde que no cedería ante mí. No se propondría esquivar los obstáculos para llegar donde me encontraba abatida y ayudarme a disipar el fuego.
Y era él, la persona que más amaba en el mundo… La misma que me hizo sufrir tanto, y a quién debo agradecer el enseñarme a vislumbrar la vida desde otro punto de enfoque.
Solía pensar que nadie me descubriría, que mis debilidades estaban a salvo y la coraza que había construido con tanto esfuerzo me mantendría exenta de daño alguno. Me equivoqué.
Quien se encargaría de derrumbar mi armadura, llegaría una tarde de enero a mi vida. Ante él quedaría expuesto mi corazón, mis sentimientos, mi filosofía y mi ideología.
Aprendí a querer de una forma muy distinta, no era el mismo amor que sentía por mi gato o por mis padres. Era una sensación extraña, jamás experimentada, que ocasionaba un sinfín de emociones en mi interior.
Conocí el amor de la forma más ingenua… Era feliz simplemente con su presencia. Pero la felicidad fue arrebatada sin piedad de mis brazos cuando él sin pensarlo decidió por mí. Creyó conveniente irse de mi lado, según él de esa manera no me haría daño. Una atrocidad, eso resultó ser.
Podía entender su intención, aunque dolió bastante, tenía que aceptar su decisión. No podía ser egoísta y atarlo a mi vida, de igual forma, aunque quisiera, era imposible conseguirlo. No puedes aferrarte a quien no quiere estar contigo.
Aflicción, en eso se basaba mi día a día. Un dolor inquietante se incrustaba en mi pecho, a veces imposibilitándome respirar.
Dedicando mi tiempo a observar la luna, cada noche antes de dormir repetía una y mil veces que todo en la vida ocurre por una razón, que él era parte de mi pasado, y que sería una gran anécdota para contar en un futuro. Pero, aunque intentaba escabullirme de mis pensamientos, él encontraba la manera de aparecer en mi psique.
Y una mañana al despertar, llegó una imagen a mi mente… Era él muy sonriente, y en una manera desesperada por desprenderme de la pesadumbre grité en silencio “Quiero de verdad que mi mente deje de hacerlo, dejar de pensarte, dejar de amarte”.
FIN.
Autor: González Desirée @Desyfics