Un cordial saludo para ti que tomas unos minutos de tu tiempo para leer este artículo.
Cuando nos mudamos de casa, mi familia y yo decidimos adoptar un perrito que nos acompañara y cuidara, además de nosotros cuidarlo y darle amor. En ese entonces fuimos a la búsqueda y revisamos por las redes sociales en cuentas de fundaciones que se dedican a rescatar perros y gatos abandonados en la calle a la buena de Dios.
De tanto buscar nos conseguimos con un cachorro mestizo y lo llamamos Mailo, por su parecido al de la película La máscara.
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Este cachorro era muy juguetón y mordelón, mis hijos lo adoraban. Un día Mailo amaneció como triste y no quería comer, lo llevamos al veterinario y este nos dijo que lo había picado una garrapata infectada y le produjo una enfermedad que le baja la hemoglobina muy fuerte. Hicimos lo posible a nuestro alcance pero lamentablemente Mailo murió. Todos estuvimos muy tristes, lo sembramos en nuestro jardín.
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A Mailo le encantaba perseguir unas aves que llegaban a nuestro jardín.
Pasaron unos meses, decidimos adoptar a otro cachorro y conseguimos a Tody, un pequeñín Pudle de 25 días de nacido.
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Aquí comiendo helado.
Lo cuidamos y tratamos con mucho cariño, hasta que cumplió los tres meses con nosotros, y descubrimos que Tody tenía un desorden neurológico, hace una semana amaneció sin vida.
Es una historia triste, pero estos angelitos vienen a nuestras vidas con un propósito y tenemos que quererlos y cuidarlos hasta que Dios lo disponga.
Cuando Mailo se fue al cielo sembramos junto a él una planta conocida en Venezuela como Capacho y podemos decir que hace tres días floreció, Mailo y Tody florecieron y vivirán en nuestros recuerdos.
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