La noche ciega y ausente
es un recordatorio inefable
de nuestra certeza.
Yo le miro desde la lejanía del tiempo.
Le miro y nos miro,
con desdén, con nostalgia.
En toda esta ausencia
duermen los pequeños,
por la mañana el sol arrecia.
No hay cura y ese
es el mejor sucedáneo.
Su tez nívea, es un campo yermo.
Yermo como mis sueños,
donde no habita el espasmo.
mis cartas, mis alegrías y
mis desilusiones convergen todas en ti.
No podría haber escrito yo nada
sin la ruptura.
No sucumbiré ante el impulso irracional
de leerme en seco.
Es una tragedia.