Tuve la absurda pero muy obligada necesidad de escribirte esto.
Así no sepa como eres, como luce tu cabello, ni el color que tengan tus ojos con los que me verás pasar.
Solo quiero que sepas que estaré muy feliz cuando llegue el momento de encontrarnos.
Tengo unos cuantos rasguños en todos lados, pero apuesto que tú también, porque nadie llega ileso y te encuentra entero sin haber guerreado antes.
Todo lo que he vivido y lo que estoy viviendo ahora me está preparando para recibirte con sabiduría, y así poder amarte sin cuestionarte antes.
Todas esas veces que me lastimaron y que yo también lastimé, me han acercado un poco más al momento de tu llegada.
Y cuando eso suceda, sabré que eres tú...
Me lo dirán tus manos, tus pestañas y la comisura de tu boca.
Sabré que eres tú, porque no me va a importar que tan distante estés para mantenerte cerca de mí.
Estaré completamente segura de que si eres tú, porque no voy a querer nunca que te montes en el autobús devuelta a tu casa.
Sabré que eres tú, porque me tomarás de la mano sin que yo me lo espere.
Sé que vas a ser tú porque lo sentiré en todas partes, y no hablo solamente del cuerpo.
Lo sentiré en el alma y en lo que me rodea.
Sé que los silencios no serán incómodos nunca más y nuestras citas se sentirán como una fiesta universal.
Sabré que habrás llegado, porque no será solo sexo, será más que morbo.
Va a ser amor, y me vas a saber hacer el amor.
Vas a ser tú, porque así estés aquí o en otro lado del mundo, nos sabremos encontrar.
Aquí estaré mientras.
Quizás no seas mi próximo encuentro, ni el que viene después.
Tal vez ya te conocí, pero aún no es nuestro momento de saberlo.
De todas maneras, aquí te espero.