Hola, a todos mis amigos "Estimianos" . Es un placer andar de nuevo por estos lados y presentarles mi segunda publicación, la cual titulé "La Piñata". Este cuento, escrito en versos, evoca memorias infantiles sobre la atracción más popular de las fiestas en varios países de América latina . Espero que lo disfruten. Saludos.
LA PIÑATA
Al oír el anuncio, sentí como mi cuerpo se inquietaba .
“A romper la piñata”, en la voz de un señor se escuchaba.
Agarrar muchos juguetes era los que más anhelaba,
pero por ser tan bajita con nada me quedaba
En varias estrategias me puse a pensar:
Tal vez mi vestido pudiera funcionar.
Usar una gran bolsa, quizás un maletín.
No basta con mi cuerpo para cubrir el botín.
¿Cuántos preciados objetos obtendré?
Juro que esta vez no fallaré.
Aumentan mis palpitaciones,
comienzan los empujones,
se abalanzan sobre mí unos niños bravucones.
Lluvias de juguetes empezaron a caer.
Inmóvil en el suelo, mis recompensas veía perder.
En ese momento algo grande empuñé,
era el zapato que perdió Javier
Muy desconsolada me sentí,
pues en mi bolsita ninguna sorpresita metí.
Solo golpes y pisotones en mi cuerpo recibí,
así que con mi desventura a mi casa me fui .
En otra fiesta viví una agonía total.
“¿Quién quiere esta piñata de princesa golpear?”,
preguntaba emocionada la mamá de Amaral.
Un bate a mi mano fue a parar,
y luego de mis ojos vendar,
vueltas y vueltas me pusieron a dar
Desorientada, en la oscuridad, solo voces lograba escuchar:
“allá viene”, “allá va”, “allá atrás”,” no le vayas a fallar”.
A tientas, con mis manos, la piñata trataba de tocar.
Golpeaba y golpeaba, pero nunca la pude reventar.
Era el turno del grandote Ramón,
quien de un batazo, a la princesa una pierna arrancó.
Los confetis, como humo, cubrían el salón,
cuando sentí que en mi cabeza, el madero impactó.
Mi cráneo resonó como un tambor.
Recuerdo la risa de todos en medio de mi confusión.
Nadie quien me consolara en mi dolor,
y los juguetes que recibí fueron solo por compasión.
¡Qué tino!¡Qué puntería! ¿Sería ésta una señal de mi destino?
Para cambiar mi suerte, en mi próxima celebración,
a mis padres les puse una condición:
“quiero una piñata, como lo dicta la tradición,
pero seré SOLO YO quien la golpee en esta ocasión”.
Así fue, un festejo en mi honor se realizó,
con muchos invitados , unos conocidos, otros tantos no.
Cuando extasiada golpeaba la piñata yo,
la misma de su soporte se soltó.
Al suelo directamente cayó,
y de ipso facto se despedazó.
Pasó un segundo, quizás dos,
cuando allí, frente a mis ojos,
mi linda piñata se desapareció .
A pesar de mi infortunio,
ir a las piñatas todavía acostumbro.
Debajo de ellas aún me reúno,
ya que la espalda, literalmente, a mi niño le cubro.
Mi Primera Piñata Fuente de la Imagen
Siéntanse cómodos al hacer sus comentarios y observaciones, me servirán de mucho. Saludos.