Emigrantes, la marcha tumultuosa de almas que se abalanzan sobre las fronteras; no se me está permitido de hablar de política pero puedo, inteligentemente, describir para ustedes mi experiencia, lejos de traerme orgulloso tener que aceptar que sí, retirarse pareció en su momento la mejor decisión a pesar del mal sabor que deja en la psique el marcar la retirada, esa sensación de haber perdido una batalla por transformar tu entorno natal luego de caminar sus caminos desde muy temprana edad, tu que estudiaste en sus aulas, que conquistaste sus ríos y las grietas de sus pastizales que te adentraron en las montañas, para comprender la lengua de sus cerros, y las manos roídas de tus ancestros, se curvan en una mala visión, el país se derrumba en mis hombros de soldado, la suerte fue echada por los malignos, el tirano engorda y se empodera de nuestra división, nos castiga como sociedad la mala costumbre de ver a nuestros líderes como caciques, dándoles la santa potestad de hacer con nosotros lo que les venga en gana.
No me enorgullece confesarles que me fui, es un hueco en el pecho que no se llena con nada, un fantasma que de noche te recuerda que eres de otro lugar, y que esta no es tu lengua madre, que nadie te quiere y que invades, sin quererlo empiezas a pensar que tu sola presencia puede significar entrar en un estereotipo global de todos los que te antecedieron en la hostil aventura que es emigrar de tu país.
A Venezuela, te digo, nos vemos cuando defenderte sea oportuno, cuando comprendamos que somos nosotros los líderes de nuestro destino, cuando recupere mis fuerzas volveré a intentar dejar mi vida en tus calles, por ahora debo despedirme de tus valles, tierra de gigantes.
Me resulta imposible aceptar el destino de muchos en las manos de pocos, el mal procura el bien y entre ellos se entienden, ojala a los gestores de tu hemorragia, los que subastaron tu vientre y te mal besan y mal tocan, a los que drenaron tus ríos y contaminaron el verbo revolución, les toque pagar su culpa por traidores.
“A grandes propósitos ejecutores colosales”
Simón Bolivar