Se alejan rápidamente estas tardes grises, monótonas y desabridas en las que muchos jóvenes de esta región tropical hemos sido obligados a existir, siendo parte a su vez de un fenómeno al que a nadie le interesa estudiar.
Tardes de color naranja, que suelen obligarme a añorar con ironía aquellos momentos en los que me desplazaba entre la muchedumbre y el calor bajo el suelo de Caracas, cuando el estrés, los auriculares, el café y los cigarrillos me hacían compañía ante mi batalla con este titan quien me aguardaba tras los edificios de esta tan trillada cuidad.
Estos últimos meses, al permanecer horas atónito ante el computador, he convertido aquello que solía llamar como entretenimiento en trabajo. Ese instante en el que mis sentidos se alejaban de este mundo real para internarse en uno ficticio, volviéndome un cazador de dragones o algún fontanero italiano viajando por las cañerías mientras permanecía en la comodidad de mi recámara, la cual luego pasaría a ser "Mi Oficina". Meses que han tornado mi vida un tanto gris e incluso más que cuando frecuentaba los andenes del metro de Caracas, durante esos días de caóticas jornadas laborales.Esa manera de vivir la vida, acostumbrado a llevar mis días, dando pasos chicos y pasos importantes hacia lo que yo solía catalogar como “Mi futuro”, tras una fuerte colisión contra esta nueva realidad no ha tenido más remedio que cambiar.
Somos parte de una generación inmersa en
un mundo encriptado. Una generación entera que mantiene una relación simbiótica con el computador y la internet para poder subsistir ante el caos que nos agobia y nos impide vivir como solíamos hacerlo o bien, dependiendo de nuestra edad, como solíamos soñar. Generando una remuneración mediante aquello que amábamos tornándolo frío, repetitivo y obligatorio.
Es deprimente para algunos, así como de ensueño para otros. Lo cierto es que, de hace un tiempo hasta la fecha, de manera progresiva, la cantidad de jóvenes que deciden “Trabajar” de manera independiente desde la comodidad de su hogar se ha mantenido en alza. Ya sea por medio a algún juego, mediante compra y venta de divisas o bien gracias a la minería de criptodivisas.
En un mundo donde tu capacidad adquisitiva es nula y básicamente tu moneda local no vale más que la del juego de mesa “Monopoly” se genera un desequilibrio esfuerzo-recompensa con desgaste físico y emocional para los trabajadores . Situación que nos empuja hasta la decisión de prescindir de un trabajo real e incursionar en este nuevo mercado.
Pertenezco a esta generación de cibernautas venezolanos en busca de riquezas en este mundo encriptado. Intentando no sucumbir ante la situación e impidiendo que mis sueños sigan marchándose sin previo aviso por la ventana, dejando un amargo sabor. Al fin y al cabo, las horas en frente al monitor, los meses inmerso en esta realidad que me impide ver más allá de lo que la hiperinflación me permite, no hacen más que reforzar mis fuerzas para saciar estas ganas desbordantes de ir tras esos sueños y volar hacia un mundo donde pueda hacerlos realidad…
…y volar por un sueño mejor.
Artículo escrito por Gerald Marcano paraSteemit.com
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