Calor de hogar.
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El hogar representa ese refugio cálido y acogedor en el cual se construyen historias, se elaboran momentos, se forjan vínculos, se ríe, se llora, se preparan divinas recetas, se vive y, sobre todo, se ama.
Para mí el hogar representa mucho más que cuatro paredes, un techo y muchos o pocos lujos -esto simplemente sería un espacio que sin amor carecería de cualquier significado-. El hogar lo hace la familia y los amigos que muchas veces -al menos en mi caso- se convierten en parte de la misma.
"No hay nada mejor que el hogar" dicen por ahí y yo estoy convencida de eso. Crecí en un hogar hermoso lleno de mucho amor, cariño, comprensión, diversión, risas, peleas, cuentos y unión. Allí en ese nidito de ternura me siento a salvo, me siento segura y me siento en paz. No todo el tiempo es un remanso de calma pero díganme ustedes ¿en que familia no hay tormentas?
Durante la Semana Santa retorné a mi casita -ya que tenía unas cuantas semanas sin ir y, aparte, había pasado por unos días difíciles- necesitaba el amor de mi familia. Tengo que confesar que estar allá fue una cura para mí y mi golpeado estado de ánimo.
Apenas llegué mi mamá salió a recibirme con una sonrisa radiante en compañía de mi hermana que se me guindó encima ¡como si fuese un monito! A darme besitos, apapachos y de paso a maullarme (lo de los maullidos es una cosa de hermanas, más adelante les cuento) lo cierto es que ambas me recibieron con mucho amor.
Mi papá no se quedó atrás. Él me buscó - a mí y al montón de peroles que llevaba conmigo- en el puente en donde me había dejado el autobús. Hubieran visto su mirada iluminada por la alegría y esa sonrisa tan propia de él que resuena en todos lados. Lo primero que hizo fue darme la bendición y decirme muy contento "Bienvenida cariño mío", me abrazó y luego empezó a contarme sus aventuras de la semana.
Todos esos días que estuve allá me sentí tranquila y fue muy gratificante porque -a pesar del montón de tareas que tenía por hacer, mi mal humor producto del ciclo femenino y mi bloqueo mental con la tesis- estuve con ellos. Mi madre, consentidora como siempre, preparó una torta de piña para darme la bienvenida. Ellos esperaron tres semanas para hacerla, porque a pesar de tener los ingredientes desde hace tiempo, la torta tenía que prepararse cuando estuviésemos los 4 juntos (palabras de mi papá). Eso me derritió el corazón <3
Lo cierto del caso es "que no hay nada mejor que el hogar" así que todos ustedes queridos lectores agradezcan siempre por su familia -por más compleja que sea- porque como dice Rubén Blades "...familia es familia y cariño es cariño"