Descripciones de un recuerdo.
Son las cuatro de la madrugada y aún estoy envuelta en mis ensoñaciones.
Escucho que dicen mi nombre -a lo lejos- y presiento que es hora de despertar.
Me lenvanto lentamente y abro los ojos tratando de recordar ¿en dónde me encuentro?
¡Ah, ya recordé!
Voy directo al baño y le doy la bienvenida al día con una ducha de agua caliente. Dejo que el calor penetre mi piel y se lleve las tensiones de mis días anteriores.
Me siento tranquila.
Luego, voy a la habitación en la cual dejé mis cosas la noche anterior, seco mi piel -con la toalla- y comienzo mi pequeño ritual de belleza. Recorro con tranquilidad cada centímetro de mi cuerpo con la dulce y fresca esencia de mi crema de pera; me peino, me maquillo y finalmente envuelvo mi blanca presencia en la ropa que corresponde al día de hoy.
Después de mi ritual termino de alistar mis enseres, me veo en el espejo, sonrío ante mi imagen -hoy me siento hermosa- y salgo de ese lugar no tan desconocido.
Avanzamos un poco hasta la parada del bus. No voy sola. Otras dos almas me acompañan y son muy luminosas. Me hacen sentir en casa y se han convertido en mi familia. Son mi trébol de la suerte diría yo... 🍀
Llegamos a la parada y esperamos -solo un poco- para subir al magnífico espécimen de metal con ruedas que nos llevará de vuelta a la realidad.
Escucho en la distancia el dulce y tenue sonido de una melodía conocida... Me remonta a mi niñez, me hace recordar mis aventuras.
Siento el roce silencioso del viento, en mi piel. Su temperatura y su sonido me acarician con tanta confianza que supongo nos conocemos de toda la vida.
Mi cuerpo va vibrando al inestable ritmo de un autobús que sigue un rumbo incierto para mi -se siente bien-.
Mientras tanto, mis pies y mis manos luchan para mantenerme en el asiento. Un asiento del cual me voy deslizando poco a poco, a medida que el pequeño bus avanza.
Voy envuelta en una tranquilidad y paz incomparables. Anoche fui feliz... No fue una noche común. Estuve inmersa en una realidad diferente a la que acostumbro.
Anoche me adentré en otro mundo. Un mundo que involucraba un tren, una ciudad lejana y muchas historias. Amé esa película -por lo que generó en mi- llena de suspenso, drama y fantasía. Se llamaba "La chica del tren".
Vi las caras de mis dos acompañantes de aventuras, de noches de música, de poesía, de placeres nocturnos y supe que sentían lo mismo que yo. Estaban sorprendidos y extasiados.
Antes de ver esa película saboree, con placer, una deliciosa cena que me hizo sonreír. Que divino sentir esa explosión de sabores en la boca. Arepas calientes y unos huevos revueltos con sabor a gloria ¡ese olor! ¡Que maravilloso olor!
Ahorita sigo recordando, con gozo, la noche de ayer y sonrió al pensar que puedo tener magia en mi vida siempre que lo desee.
Aquí estoy un viernes por la mañana -en la mesa de una universidad vacía- esperando una clase de inglés y escribiendo un fragmento de mi historia. Solo ese fragmento que quiero que conozcan. No sé que pasará en el transcurso del día... presiento que ustedes tampoco lo saben. Hoy dejaré que la vida me sorprenda.
Sé que puedo ser agua, luz, fuego, tierra, mar y aire. Puedo ser todas las cosas y, a la vez, nada.
Ya una vez fui la estrella de alguien...
Me gustaría creer que hoy no solo seré una estrella sino el universo entero.