Un día agridulce.
Foto de Maryori Cabrita.
En la mañana, cuando desperté, estaba un poco afligida pero me sentía tranquila. Me quedé enrollada en la cobija un buen rato y luego cuando fui a prender la luz encontré una notita de mi compañera de residencia/amiga/hermana de vida que decía "Te amo amiga hermosa", esa pequeña notita me hizo sonreír... En ese momento le envié un mensaje dándole las gracias por la nota y ella me dijo "¿una? ¡Buscalas. Son 6!" efectivamente me paré de nuevo de mi nidito de sabanas y encontré, una a una, notitas llenas de mensajes bonitos y positivos incitandome a sonreír. Fue hermoso 💕 Sin embargo, ese lindo detalle dio rienda suelta a mis sentimientos y me hicieron llorar como si fuera una niña desconsolada.
A lo largo del día estuve muy sensible y sin quererlo -ya que no estaba en mis planes- terminé sola en la habitación de mi residencia comiendo mermelada de guayaba, viendo novelas realmente malas en Televen, escribiendo y sintiéndome triste.
Debo admitir que realmente fue un día valioso porque no siempre hay que ser fuerte, no siempre hay que sonreír y no siempre hay que simular que nada pasa. Ayer fue el día perfecto para ser una mujer que se permitió sentir profundamente todo y no tuvo miedo a ello. Ayer, mis queridos lectores, fue un día triste pero tan especial al mismo tiempo que es hasta absurdo pensar en ello.
Ya casi al final de la tarde, después de haber llorado mucho, de haber escrito, de haber gritado a todo pulmón para mitigar la ira y de permitirme ser frágil puedo decir que fue el día perfecto para llorar y fue maravilloso. Además de eso, como me dijo mi hermanita en un mensaje lleno de caritas "¡tienes mermelada! Suficiente motivo para ser feliz".