Cuando este verano mis hermanas nos pidieron quedarnos con nuestros sobrinos, para así ellas poder asistir a un concierto de Alejandro Sanz, no lo dudamos y les dimos un rotundo sí.
Edu, Lucía, Ana, Antonio y mi hija Cristina, de 12, 9, 6, 2 y 13 años, nos hicieron poner el cartel de completo en el minicampamento que ese fin de semana organizamos en casa.
No fue fácil mantenerlos entretenidos, las horas parecían eternas, el caos y el desorden se iban adueñando de la casa a medida que los juegos se iban sucediendo: del parchís pasamos a las cartas, de las cartas a los disfraces, de los disfraces a la pelota, de la pelota a dibujar y vuelta a empezar. Carreras, peleas, lloros, no había forma de contentarlos a todos.
Buscar un tesoro escondido, unas pistas ocultas y encadenadas que tendrían que ir descubriendo, para finalmente obtener una recompensa. Pensé que quizás este juego les mantendría entretenidos un buen rato.
5 fueron las pistas que escribí y escondí en diferentes objetos de la casa, quizás complicadas pero me propuse no ayudarles y así tenerles entretenidos por más tiempo. Y comenzó el juego.:
“La más lista te dará la pista” decía la primera nota que dejé encima de la mesa. Empezaron a corretear algo nerviosos, Cristina llevaba a Antonio acoplado a su cintura, Ana seguía a Edu mientras que Lucía se quedó quieta leyendo la nota detenidamente.
-¡La televisión, está en la televisión! Gritaba Edu mientras la revisaba de arriba abajo ante la atenta mirada de Ana.
-¡Lía, la tiene Lía! Gritaba Cristina, con Antonio adosado a su cintura, mientras perseguía a la perrita por el pasillo de casa.
Lucía seguía analizando la nota, miró a su alrededor y deteniendo su mirada sobre su tía Sonia, sonriendo, extendió su mano derecha abierta hacia arriba y le dijo:
-Dame la pista.
Sonia sacó la siguiente pista de su bolsillo, se la entregó a Lucía que se subió a un taburete y la leyó en voz alta clara.