Cuando ocurre un hecho maravilloso y único como una nevada creo que no se puede desaprovechar y más si tienes la oportunidad de acercarte al epicentro del hecho.
El pasado 8 de agosto de este año mi familia vivió esa bonita experiencia, yo no pude asistir porque me encontraba bastante lejos del sitio.
Como a las siete de la mañana mi esposa me llama y me dice: ¡está nevando, nos vamos para el pico! Acá en la ciudad se percibía el frío y el temporal característico que indica que el Parque Nacional Sierra Nevada así como el resto de la cordillera andina se pintará de blanco tal como la describió Don Tulio Febres Cordero.
Se fueron en bus que pagaron entre todos, por suerte somos una familia numerosa y cada uno dio su aporte para que el gasto individual no fuese tan exagerado. Me cuenta mi esposa que “corrieron como locos” a preparar lo que iban a llevar, para ir a una nevada se tiene que llevar más de un abrigo así como bebida caliente para el frío antes, durante y después del fenómeno natural.
Luego de recorrer la vía trasandina de Mérida, en los andes venezolanos, llegaron al sitio. Les tocó dejar la unidad un poco retirada del lugar exacto donde cayó la nevada. El frío era brutal me dice mi consorte, los dedos de las manos se entumecían y la corriente de aire que entraba por la nariz era casi gélida.
Al llegar a lo que llamamos el pico, la familia quedó maravillada de lo que vio. Un espectáculo de blanco adorno la localidad. Los niños brincaron de alegría y comenzaron a correr a pesar del frio que hacía.
Fotos: Harem Simanca
A pesar de no estar presente, el relato de mi esposa me hizo imaginar la emoción de los muchachos al ver toda la nieve y poder jugar con ella; un momento mágico que nos recuerda que, en medio de las situaciones difíciles, siempre tenemos momentos y motivos alegres porque vivir.