Dos situaciones…
Situación uno:
Estaba esperando la unidad de transporte luego de una jornada laboral. La cola se hizo cada vez más larga, los buses no terminaban de llegar. De pronto, un camión se estacionó en la parada. Un joven se bajó del vehículo y dijo: ¡3 mil bolívares para Tabay! ¡3 bolos para Tabay!
No lo pensé dos veces. Decidí salirme de la cola y subirme en aquel camión. Total, estaba cobrando lo mismo que pago todos los días, además casi todos los días me vengo de pie y no estaba lloviendo. Así como yo se subieron como 20 personas. Se hizo una dinerito el dueño del vehículo.
Mientras nos movilizábamos la gente hablaba. Unos decían que es mejor salir del centro así sea en un camión que esperar que baje una buseta. Otros temían que lloviera y se tuvieran que mojar. Unos estudiantes que tienen opción de pagar pasaje preferencia, decidieron subirse al camión.
De todas las personas había una pareja, el señor estaba molesto y cabizbajo, se nota que no quería subir en el camión; tal vez la esposa lo convenció dándole algunos de los argumentos el párrafo anterior.
En un momento del camino la señora habla con el señor y le cuenta lo que le tocó caminar hoy, de todas las adversidades que pasó para hacer las diligencias del día. En eso, el señor sube la voz y dice: estamos en Venezuela, esta vaina se acabó.
Escuchar esa frase fue para mí como un balde de agua fría. ¿Cómo que Venezuela se acabó? De verdad estamos dispuestos a aceptar que esta situación es así “porque estamos en Venezuela”.
Luego de tratar de entender al señor en su afirmación, me queda claro porque lo dijo.
Imagínense lo que nos toca vivir (sobre todo lo que viven en el exterior):
Tenemos escasez de dinero en efectivo, los bancos entregan diariamente la cantidad de Bs. 10 mil, un pasaje ida y vuelta son Bs. 6 mil, si tienes que moverte en la ruta interna son Bs, 2 mil más, si haces el camino ida y vuelta son Bs. 4 mil, con lo cual en un día gastas lo que el banco te da… ¿cómo hace uno para bajar mañana sino tienes más dinero?…
Los precios suben casi a diario. El valor de una panela de azúcar tiene un precio hoy y otro mañana. Si vas a pagar con tarjeta de débito debes hacer una cola y esperar que el bendito punto pase, todo eso ligando que no se vaya la luz.
Si vas a hacer transferencia te exigen que se realice de banco a banco. Si no cuentas con un dispositivo móvil inteligente no puedes hacer el proceso.
Si le toco ir a una dependencia gubernamental es un proceso. Debido a los cortes de luz trabajan en horario diferenciado. Si te falta un papel debes acudir otro día. El trato del personal no es el más agradable y la tecnología que se utiliza es obsoleta, lo cual retrasa el proceso.
Y así puedo estar colocando ejemplo tras ejemplo de lo que le pudo pasar a la señora. Seguramente ella recordó que antes la situación no era así.
Los que tenemos más de 30 años sabemos que hace poco teníamos una mejor situación.
Antes se podía hacer mercado y llenar los carritos en los supermercados, ir al cine, comer chocolate, pan con café, pizzas; se podía recorrer el país, visitar a la familia. Hoy día, hacer todo eso es cada vez más complicado por no decir imposible.
Situación dos:
Voy camino al trabajo y me encuentro con la vía principal repleta de basura. En toda la isla que divide el canal de subida y de bajada se acumula todo el desecho de los vecinos y comerciantes de esa localidad.
El olor es asqueroso, no se puede soportar. Es, sin duda alguna, repugnante.
Sumado a ello, brota la presencia de los zamuros, esas aves de rapiña que solo llegan cuando algo “huele feo” o “hay algún animal muerto” como dice mi suegra.
Los zamuros son cada vez más numerosos, son menos temerarios hacia los seres humanos e incluso hacia los perros. Andan campante por toda la isla buscando que comer.
Po la presencia de los alados se puede evidenciar que en los desechos se produjo una combinación de sustancias putrefactas debido a la exposición al sol.
Ante este escenario me pregunté: ¿Quién es el culpable? ¿Cuándo permitimos que pasara esto? ¿Esta situación va a cambiar?
Recuerdo que hace años, la alcaldía de Mérida adelantó un proyecto orientado hacia la recuperación de desechos sólidos para convertirlo en material reciclable. Así como ese proyecto, la Universidad de Los Andes (ULA) tiene una dependencia que trabaja con material recuperado.
A pesar de todo esto y la necesidad de entender que el manejo de la basura es una responsabilidad de todos, los vecinos, los comerciantes y los gobiernos (nacional, regional y local) no terminan de afinar estrategias para devolver la belleza a nuestra querida ciudad de Mérida.
Será que los vecinos se van a acostumbrar a vivir en la inmundicia. Será que nuestros niños crecerán con este escenario descrito como algo normal y común. Espero que no.
En estas dos situaciones reflejo una pequeña parte de lo que hoy día vivimos los venezolanos. Es apena un ápice comparado con la inseguridad reinante, la impunidad que cabalga, la corrupción en todos los niveles y la más grave a mi modo de ver: la falta de humanidad y ciudadanía.