Desde el comienzo de los tiempos el ser humano ha utilizado máscaras, en ocasiones sin saberlo.
Las relaciones se basan en la interacción con los demás y allí siempre hay al menos una máscara presente, por parte del que habla o del que escucha. En los tiempos modernos es muy probable encontrar máscaras en ambas partes de un dialogo.
Quizás porque la realidad es dura o difícil, tal vez porque el que habla tiene vergüenza o ésta se presenta en el que escucha, quizás por costumbre o por miedo, por predisposición o locura; siempre las mascarillas están, solo es cuestión de prestar atención; en un coloquio por ejemplo, es frecuente encontrar diversas máscaras en varios de los participantes cuando no en todos.
Como leí alguna vez “los secretos son contados por máscaras en una danza sin gracias y este baile ocurre en la trastienda del universo que nos es conocido, sin embargo ese universo es nuestro quehacer diario y tenemos distintas máscaras de recambio en el armario”.
Depende de nosotros usarlas o no, también reconocer cuando es el otro el que la porta, en ocasiones el hilo para sostenerla delata al que la lleva puesta pero en otras es tan natural su calce, es tan intrínseca al orador que no la vemos aunque esté frente a nosotros o quizás hastiados de tanta hipocresía, simulamos no verla.
Pero las máscaras también son la más pura expresión del arte, nos pueden hacer reír o llorar, representan desde la antigüedad la comedia y el drama.
Los actores desinhibidos por su uso pueden expresar la más cruda realidad o la más extraordinaria fantasía, por supuesto no depende todo del antifaz sino mucho del que está detrás y si presenciamos ese acto sin nuestra máscara puesta, la sensación puede ser exultante y enriquecedora.
En nuestra vida, en nuestra conducta ante los demás podemos elegir usarlas o no, también podemos desenmascarar al que las utiliza para provecho propio, para engañar y someter. Dejemos los disfraces para el teatro y para los actores y vivamos libres de ataduras y condicionamientos.
Para ser otro primero hay que ser nadie.