La escuela es la encargada de impartir contenidos educativos; a través de ella se aprenden las diferentes áreas necesarias para la formación académica de todo niño. Al hogar se le tilda como la primera escuela, pues allí comenzamos el proceso de enseñanza-aprendizaje esencial para la formación integral de los individuos, principalmente con los modales y valores sociales para interactuar y desarrollarnos en sociedad.
En muchos casos surgen discrepancias entre la opinión de los docentes con la de los padres y/o representantes, relacionados con la manera en que se imparte la educación. Y esto sucede a nivel mundial. Principalmente son muy cuestionadas las famosas “tareas o asignaciones escolares”.
El objetivo principal de esta estrategia pedagógica resulta ser la integración o vinculación de los padres y niños en el hecho educativo, de manera que el estudiante refuerce lo aprendido en el aula y los padres verifiquen que dicho aprendizaje está consolidado o en proceso de lograrlo. También podríamos acotar la importancia de socializar entre los miembros de la familia al momento de realizar estas tareas, aprovechando este momento de elogiar, motivar, reconocer y admirar el esfuerzo de cada niño por hacer las cosas bien y los avances alcanzados.
Sin embargo, hemos notado que estas asignaciones no cumplen con esos objetivos. Existen docentes que imparten clases muy sencillas y para el hogar prácticamente piden desarrollar la clase a través de extensos escritos hecho a mano, o solicitan elaborar maquetas donde más puntuación tendrá la más vistosa, motivando a los padres a realizar unos monumentos de lujo... asignaciones donde es imposible que el niño pueda realizarlas por sí solo, por lo compleja que resulta ser. En fin, cosas como estas llevan a que los niños y sus padres sientan el momento de hacer tareas una verdadera “tortura”.
Como docentes, debemos tomar en cuenta que en la actualidad, ambos padres (papá-mamá) en su mayoría trabajan; sus jornadas laborales son muy largas, llegan a casa exhaustos y no tienen la paciencia que tienen los docentes en el arte de enseñar. Regresar al hogar y encontrarse con niños "frustrados" que no logran adelantar sus tareas por lo complicadas o extensas que son, no ayudan a la dinámica familiar. Mucho menos, coartando el compartir de todos los fines de semana porque tienen que preparar una cantidad de trabajos escritos o estudiar para presentar diversas evaluaciones en la siguiente semana. Entonces, pedimos que los padres le dediquen tiempo de calidad a sus hijos, recreación, convivencia... y los saturamos de tareas escolares.
¡Creo no es congruente.!
Interioricemos lo explicado. Con esto no quiero decir que eliminemos las tareas... solo verifique si realmente la tarea refuerza el conocimiento, o satura; que sean más analíticas, más vivenciales; que cumplan con el objetivo de involucrar a la familia, no de rechazo; que el niño ame su escuela, no que llore por tener que ir. Consideremos nuestra acción docente, queridos colegas; ¿Es mejor docente el que da más clases, o el que asigna más tareas? Pues no...