– Es el diablo haciéndome trampas para caer en la tentación, debo reprimir este deseo hacia ella, es lo único que me separa de ser un ser consciente a ser un burdo animal llevado por el instinto.
Los recuerdos siguen apareciendo, como flashes pasajeros, de dos cuerpos rozándose, quejandose, jadeando, pero son recuerdos muy rápidos, esto hace que mi libido se despierte y me provoque una erección, difícil de disimular con el pantalón de dril negro que llevo.
El diablo vuelve a atacar, esta vez estoy almorzando, vuelvo a ponerme duro, porque recuerdo cuando ella estaba encima mío y me tomaba de la cabeza con las dos manos, mirandome de una manera jocosa, placentera, mientras yo la tomaba de la cintura, era cuando mas sentía, era cuando mas me daba placer y ella lo sabia, miro mi teléfono, entro al WhatsApp, entro al chat con su nombre, observo la ultima conexión, fue hace 3 horas, entro a las opciones y verifico su estado, lo ha cambiado hace 2 dias, es increíble lo facil que es controlar a la gente con estas aplicaciones hoy en día, su estado dice:
– “Te acuerdas cuando me contabas todo? Hasta lo más insignificante de tu día. Ahora ni un “Hola” me escribes”.
Bueno, suspiro un poco, aunque es difícil saber, el estado creo que es atribuido a mi y pienso que el diablo a vuelto a atacar, pero esta vez atraves de su mente, de su pensamiento, rio un poco, es un poco gratificante saber que todavía piensa en mi… Pero esto solo alimenta mas mi ego, el diablo a vuelto a atacar.
Llega la noche, estoy en mi casa, no salgo a ningún lado porque todo el día mis pensamientos de deseo me han atacado y no quiero perturbarme mas con la bulla de la rumba en Cali, ademas el alcohol lo empeoraría todo, entonces decido esa noche de viernes, encerrarme en mi casa, amarrando mi deseo y que mi subconsciente no me traicione, enciendo la Playstation para entretenerme un rato, se dan las 11:00 PM, empiezo a sentir que mis párpados están pesados, afuera se siente el folgorio de una noche de viernes en Cali, esa mezcla de música de todos los colores revuelta con gentes, brisa armonizada por licor y splash que las mujeres se aplican a mas no poder; me preparo a acostarme, trato de dormir, pero mis pensamientos hacia ella no cesan, sin darme cuenta me he quedado dormido.
Suena el tritono de mi iPhone, abro los ojos, acerco la pantalla a mis ojos, al principio no veo nada, froto mis ojos para que se aclare la mirada, vuelvo a volcar los ojos a la pantalla, veo que es un mensaje de WhatsApp, tiene el nombre que mas he esperado el día de hoy, deslizo el dedo, coloco la contraseña y dispongo a ver el mensaje completo, el cual dice:
– Te extraño, estoy tomándome unos tragos con mis amigas, pero no he podido dejar de pensar en ti…
El diablo a vuelto a atacar, pero mi cuerpo en esta etapa está lleno de deseo, desesperación y ego, cedo a su tentación y firmo un pacto imaginario en el momento que coloco mis pulgares en el celular para empezar a escribir, es como si hubiera firmado un pacto biometrico y la huella dactilar de mi pulgar derecho fuera la garantía de dicho contrato, en ese momento pienso en un trozo del libro "la canción de nosotros" de Eduardo Galeano y se la envío como mensaje de texto, dice lo siguiente:
– Yo también te extraño mucho. Olvidate de todas las cosas feas que te tengo dichas y las veces que yo no te entendía. Solamente quiero que vuelvas. Quiero que estemos juntos por un rato aunque sea y quiero decirte que sos lo mejor que me ha pasado en la vida. – lo cual ella contesta con la burbuja blanca en el WhatsApp.
– Iván, por eso no he podido dejarte ir de mis pensamientos, espérame salgo de aquí y te llego a tu casa.
Espero con ansias ese encuentro, son las 5.30 AM del día sábado, he hecho un pacto que no se como será cobrado.
Continuará…