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En una habitación a oscuras, una respiración agitándose aceleradamente, opaca el zumbido producido por un estimulante de la zona erógena más sensible; el resplandor de la luna colado entre las persianas, refleja la sombra de un cuerpo redoblándose en la cama; la puerta entreabierta permite la mirada penetrante de unos ojos que brillan por lo que ven.
La humedad y el calor se apoderan del momento, la respiración se transforma en gemidos incontrolables, aumenta el sonido vibrante, ahora es constante; las autoembestidas son angustiosas, recordar lo soez, retorcido y veraz de ciertos argumentos, irrita, excita y motiva a aumentar la velocidad.
Un repentino grito que desafía el sueño de los vecinos, acompaña las contracciones vaginales que aquel espectador omnisciente anhelaba presenciar; se paraliza el tiempo, no se puede ocultar más, el climax se ha apoderado del cuerpo de aquella mujer.
El zumbido se detiene, el aparato es puesto a un lado, su trabajo estaba hecho, muy bien hecho; la mariposa dibujada en la pantorrilla izquierda parece convulsionar, pues las piernas no dejan de temblar.
¡Qué Delicia! – Exclama la susodicha.
Mientras suspira, realiza un enfoque 360 a su habitación cada vez más psicodélica; la puerta sigue abierta, pero no hay nadie viéndola. Luego de un segundo suspiro, lentamente sus latidos se detienen.
¿Qué opinan?
¿Cuál es su interpretación de la escena?
¿Qué sugieren?