En una hoja de papel cabe el sueño de un niño sonriente, quien dibuja la esperanza con puño y letra. "Aquí te lo escribimos para que no se te olvide". Los pequeños de la escuela de Fe y Alegría "Padre Juan José Zagarramurdi II" de El Viñedo en el barrio San Vicente de Maracay nos pidieron que les lleváramos hamburguesas la próxima vez, por encima de las opciones de repetir la pasta boloñesa o probar el arroz chino.
Un reto que asumió Aruska Hernández, una vez superada la disparidad entre las donaciones que recibimos desde el exterior y la velocidad de la inflación. Un proveedor dispuesto a trabajar duro para cumplir, cumpliendo también su sueño de llevar adelante su negocio. Así que en la Pizzería Manhattan de San Jacinto, Adrián y sus empleados, no durmieron en toda la noche para elaborar 300 hamburguesas de carne y queso con pan artesanal que hacen allí mismo.
Cumplirles a los niños, sin revelarles demasiado, tenía como ingrediente extra nuevos obstáculos a vencer. La cita tuvo que cambiar en corto tiempo del 17 de abril al día siguiente por un curso de formación para los profesores, por lo que enfrentábamos una posible baja asistencia escolar por el feriado del 19 de abril. Pero habría mucho más: la víspera fue una tormentosa noche de lluvia con apagón de larguísimas horas.
Pero allí llegaron Diomar Castellanos, Enrique Garcia, Luis Cataño, Rachellita Camacho, Diego Puerta, Jorge Montenegro y Aruska para de nuevo ser inundados de alegría y abrazos, junto a la bellísima celebración de los niños que no podían creer que se había cumplido su petición. "¡Hamburguesas!", decían perplejos. La pizza y el pollo tienen ahora fuertes competidores en el imaginario de la alegría escolar de estos chamos.
También los maestros recibieron amor por apoyo de tantos que nos acompañan: entregamos una nevera nueva, mallas para los aros de basquet y unas pinturas.
Estamos empeñados en el sueño por la escuela más bonita del mundo, allí, donde nos pagan con cartas de amor, donde corazones con bracitos y letras bailarinas nos agradecen que siempre vayamos, que los acompañemos, que puedan sentir que además de almorzar lo hacen con comida divertida, sabrosa, nutritiva y con altísima calidad.
Como no fueron tantos niños, pudieron repetir, lo que llevo su incredulidad a niveles de fantasía. Pero esto es más que darles comida, es regalarles la posibilidad de hacer posibles los sueños.
De nuevo Edgar Ojeda los hizo reírse y gozar de su ingenuidad. Los niños de 6to grado que eran los más reacios, ahora están más alegres, participan más en los trabalenguas y bailes de manos, en seguir los juegos musicalizados y participar. Y queremos darles una sorpresa: una paseo que les recuerde su derecho a la ciudad, a disfrutar del espacio público y conocer más de su entorno.
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Gracias al pana Jesus Chuchin Loreto también por el apoyo con el crowdfunding en el exterior (pronto daremos el enlace del nuevo).
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