Visitar el Caura, el tercer río más caudaloso de nuestro país, cambió mi percepción en la vida como me prometió mi amigo Luis Jiménez. Permanecer cinco días y cuatro noches en el medio de la selva venezolana, sin señal telefónica o de Internet, cepillándonos y bañándonos en el mismo río, durmiendo en hamaca con mosquitero en lo caía la noche y viajando largas horas en curiara de verdad me transformaron. En casa me lo dice bromeando, porque me he vuelto mucho más colaborador, enérgico, independiente y fuerte.
La sensación fue muy distinta a cuando fui a Gran Sabana. Allí la reflexión era lo pequeño que podíamos ser en el universo, la insignificancia de tus problemas frente a la inmensidad de la existencia total. Tu alma contra el cosmos, pero al mismo tiempo siendo parte y núcleo del mismo. Pero fui muy cómodo, invitado por Jeep junto a otra docena de periodistas. Nos acomodaron carpas muy cómodas, nos llevaban las maletas y nos cocinó un chef. No huo metamorfosis, sino era un turista más exigente.
En el Caura, por una asignación de trabajo, viajé con Luis y José Félix, de la ONG Phynatura. Esta se dedica a la formación comunitaria en aprovechamiento sustentable de productos forestales no maderables para la conversación de la selva. Como la sarrapia, un producto muy usado en la perfumería, y que se produce solamente en unos pocos países tropicales, incluyendo el nuestro. Un tesoro desconocido, y muy apreciado, pero como nuestro cacao, aún subaprovechado y mal pagado.
Mi primer campamento en medio de la selva
PhyNatura logró firmar un Acuerdo de Conservación con un pueblo afrodescendiente, en medio de la selva, Aripao, conformado por unas 400 personas. El lugar queda a minutos de Maripa, un pueblo a orillas del inmenso Caura, a cuatro horas de Ciudad Bolívar y donde se despide la señal celular. El trato es que con cuatro patrullas semanales, se vigilan miles de kilómetros cuadrados de selva, para que no haya cacería, tala o pesca de especies protegidas. Lo cual no es fácil de lograr porque hay costumbre entre indígenas, negros y claro, mineros llegados de otros lados, de tomar lo que se desea. Así que se protege el cunaguaro, el paují y la tonina, que no se abran claros para poner un conuco ni se extraiga oro.
Viajábamos entre cuatro y seis horas entre cada comunidad, así que debíamos tener ponchos, comida, agua potable, gas doméstico, comida no perecedera, hornilla, ropa y todo lo que pudiésemos necesitar por seis o siete días siempre encima, no hay cómo abastecerse en la selva
Claro, tiene los retos de la necesidad y del abuso. De la costumbre y el extractivismo que tenemos culturalmente. Sacarle a la naturaleza como si fuésemos sus dueños, sin buenas prácticas para que nuestros nietos también lo disfruten. Pero lo están logrando al recolectar quina (para hacer endulzantes similares al Amargo de Angostura), aceite de copaiba (se extrae como el caucho también para perfumería) y sarrapia. Parte del trato es con una empresa franco-suiza, Givadaun, que compra todo lo que ellos extraigan, mientras financia el cuidado del bosque.
Lo más increíble, y único en el mundo, es que la gente de Aripao (que tiene su centro de acopio de estos productos para exportar), es que lo firmó con La Colonial, una comunidad piaroa, sin intervención de la ONG. Pero también alcanzó otro acuerdo con una pequeña comunidad yekwana, aunque fue sólo verbalmente. Así que se protege el triple de área a diario, se registra en una lista y en GPS cada vez que se encuentra fauna, se recolectan productos de alto valor para exportación y se cuida el Caura.
Producción de yuca en La Colonial
Lo que no hace el Ejército, ni Inparques ni el ministerio de Ecosocialismo, a pesar que en 2017 toda la cuenca del río fue nombrada Parque Nacional Caura. Son 7,5 millones de hectáreas que las comunidaes indígenas reclamaban como territorio ancestral. Ahora el decreto deja esto en un limbo legal, porque teóricamente no se puede pescar, cazar o sembrar, aunque esto sea natural y de supervivencia para los indígenas.
En La Colonial también les gusta el moriche. A mí me encantó, así como el mañoco, una especie de cereal que hacen con restos de casabe y que consumen tras cada comida mezclado con agua para obtener energía
Así que en esta primera parte, les dejo algunas fotos de Aripao, La Colonial y el primer campamento donde dormimos, en el medio de la selva. Cada noche de mi viaje llovió. Y la primera fue trágica, porque no sabía poner muy bien la hamaca y el agua se metió. Dormí poco, perdí un cargador de celular, un pantalón y algo de efectivo. Pero vamos, aún no era "el hombre Caura".
Extracción de pulpa de moriche en Aripao para hacer jugos, helados y postres
Phynatura les ha enseñado a cultivar en ciclos cortos, medianos y largos, para que los suelos pobres luego puedan tener árboles frutales y allí poner orquídeas, que luego podrán ser comercializadas tanto como reserva genética (vainilla) así como flores