Gente amable de Steemit, el VW Escarabajo ha sido mi carro favorito desde siempre, ya he tenido tres, el último un Escarabajo del año 64, color azul metalizado. Compañero de aventuras con mi esposa, mi hija y los amigos de mi hija.
Acá un texto de cuando por necesidad tuve que venderlo, no sin antes pensarlo muchísimo.
A Adriana
Era difícil pero necesario. Estaba decidido a mantenerlo conmigo, porque han sido muchas las aventuras que hemos vivido juntos, y es ya parte esencial de mí, de nosotros. Se me fue envejeciendo, marchitándose, casi vertiginosamente, aunque su corazón ronronea aun con mucha fuerza, pidiendo a gritos una pista. Esta mañana el alma me comenzó a flaquear y la nostalgia se adueñó por un momento de mí, quise mantenerlo a mi lado pero no… era tarde.
Los hermanos vinieron como a las once, yo los traje, traían piezas y herramientas y lo armaron de nuevo, sin mucho esfuerzo; entusiasmados le dieron vida y me quitaron la esperanza. En un principio se negó a ronronear, como esperando que fuera yo quien lo encendiera; me mantuve cerca pero sin intervenir, casi con lágrimas en los ojos contemplaba como lo resucitaban. Primero carraspeó indeciso, cansado, somnoliento aún, despertando tímido del largo letargo. Pidió que lo nutrieran, gota a gota se fue tomando el combustible… y de pronto, al tercer intento, ahí estaba toda la fuerza de su motor 1600.
Desde el año 2012 estuvo con nosotros. Compañero incansable. Siempre yendo y viniendo, de casa al liceo (pasando por la chichería), al mercado, a la playa, a las fiestas, a la universidad, a las reuniones, a los juegos de los muchachos, al cine, a la clínica, de compras; por la cerámica, por el cemento, por los bloques, por el pan, por las flores, por las plantas, por las arepas, por los antojos del final de la tarde de un domingo caliginoso… Raudo levantaba vuelo y sin dilaciones iba por toda la ciudad: le conoce cada recodo, cada hendidura de las calles maltrechas. Adivina los baches, sabe de los atajos, de las rutas más rápidas y de los lugares donde el paisaje es simplemente distinto y envidiable.
Disfrutó por mucho de las fiestas de risas y escándalos de la juventud, del afán de ir ligero para no retrasar la entrada hasta después del primer timbre. Fue el medio ideal para reconocer la ciudad, para mirarla, para descubrirla frívola e insomne, mustia y radiante, impasible e inquieta, entre la brisa marina y los arreboles naranja del final de la tarde.
Hoy, a las doce, se irguió soberbio, aun cuando se le notan los estragos que causaron en él el tiempo, el salitre y el descuido. El corazón ronroneó libre ante mí, como despidiéndose. Por un rato volvió al letargo, mientras se alistaban los últimos detalles de su partida. Cuando regresé en la tarde, como a las cinco, lo creí dormido; pero en mi corta ausencia levantó el vuelo y se fue escondido hasta una nueva madriguera; es necesario rejuvenecerlo, hacerlo recobrar fuerzas, disponerlo para rehacer los caminos, otros caminos. El VW ya no está con nosotros, detrás de su volante otras manos guiarán sus destinos. Ya no lo verán más cargando juntos a los nueve: el equipo de El Escarabajo Azul.