Siendo sincero, creo que contigo aprendí amar, contigo aprendí que soy capaz de dar, que tengo mucho más de lo pensé, contigo descubrí que soy mejor, pude entender que soy afortunado de haberte encontrado, tu sacaste lo mejor de mí. No encuentro la expresión correcta para esto tan homogéneo que siento, no sé, si es sano sentir tanto por alguien.
Yo creo que el cielo te creo para mí, yo quiero que sigas en mi vida, yo quiero que entres en mi piel, soy masoquista, no quiero sanar estas heridas, soñando que piensas en volver, contigo le temo al cambio, el motivo es, porque temo que me aleje de ti. Pero hay algo que debo entender, que me hago daño, me lastimo, torturo mi propia vida con tal de amarte, aunque sé que esto no será jamás, yo quiero creer que sí, entiendo que tratando de mantener esta luz, me olvido que existen millones de candiles queriendo brillar por mí, al estar a tu lado es más la ansiedad y depresión que me abrazan, que las felicidades que pueda sentir, y me pregunto ¿Cómo es posible que amar, te haga tanto daño?, se supone que es el sentimiento mayor de todos, y es que, siempre he pensado que cuando deseas algo con todas tus fuerzas, una reacción cósmica, mágica, divina, suerte tal vez, ocurre, y eso que anhelas se cumple. Me doy cuenta que no siempre es así, he luchado tanto por tenerte que estoy cansado, me agoto, siento que perezco, mi espíritu grita desde adentro: “déjalo.”, pero me rehusó a dejarte ir, me siento como un enfermo, que se niega a dejarse morir, y claro que me niego, a dejar que lo que ha construido mi mente, se marche contigo.
Lo que más duele, es que descansas en los brazos de otra persona, que no será capaz de darte todo lo que tengo para ti, ¿Cómo puedo competir con eso?, quizás soy yo el maldito, que desea cargar con esta pesada cruz… me he vuelto débil, ausente de mí mismo, he perdido la cordura, sé que necesito ayuda, pero me niego a ser ayudado.
Cada vez que duermo contigo, no cierro mis ojos jamás, solo para poder hacer memoria de cada parte de tu bello rostro, poder contemplar cada suspiro que das al dormir, es curioso, pero no me despiertas lívido, es una extraña admiración, un celo absurdo al no querer que nadie te mire o toque, una extraña idea obsesiva te has vuelto para mí. Si tengo algo que confesar es que sería capaz de quitar de tu camino al que te haga frente.
La soledad, el sufrimiento, las noches en vela gimiendo en suspiros y sollozos, se han vuelto mi compañía, “Hay amores tan bellos que justifican todas las locuras que hacen cometer. Plutarco.”, son las mejores palabas que dan el significado correcto a toda esta locura que siento por ti, y es que desde que entras en mi vida, estoy loco, loco de amor, loco de deseo, loco de darme a ti.
Me siento desgraciado, al saber que no me amas, que, entre tanta gente, tu mirada se pierde y no llegan a mí. Yo tu mejor amigo, tu amor platónico, es que en esta historia soy el sol, y tu Plutón, tan lejos de mí, que mi calor no puede dar vida a tu frio, vacío y seco suelo, es que te conformas con estar cerca de la línea de asteroides y no volteas a ver que trato de expulsar mis más nobles rayos por ti. “No ser amados es una simple desventura; la verdadera desgracia es no amar. Albert Camus.” Estas palabras calman la sed que siento, al pensar lo mucho que tengo para ti, y consuela mi desventura porque se, que no sabes reconocer el amor verdadero. Culpo al mundo al no crearme, como tu quisieras que sea, pero es allí donde cabe tanta sabiduría que expresa que, la belleza esta, en los ojos del observador.
No puedo obligarte a amarme, y aunque pudiera, no lo haría, pues cuando mi poder caiga, te marcharas de mi lado… quisiera que nuestra historia fuera otra, pero me tocó vivir esta, y es que me siento invalido, al no poder salir de ti, eres un laberinto, donde cada pasillo tiene puertas que tengo miedo de abrir. Golpeado por ti, alimentándome de tus migajas he saciado el hambre y mi debilidad, aunque empeoro, son estos mis últimos suspiros por ti, así como raya el alba, y rompe la oscuridad, y luego es azotada por el atardecer al dar paso a la noche, ahí muero, es un día que jamás regresara, soy como las estrellas caídas del cielo, secas y oscuras, así te dejo con este último suspiro que nunca se verá. ¡adiós!